En mi trabajo se suele decir que “en casa del herrero, cuchara de palo”. Me dedico a organizar bodas sorprendentes, haciendo realidad el sueño de parejas de enamorados. Llevo cerca de 30 años en el oficio, antes incluso de que se pusiera de moda el término “wedding planner” con el que describen mi labor profesional a día de hoy. Me casé de joven, jovencísima, y llevo más de dos décadas separada. Hoy quiero compartir con vosotras qué cosas no querría en el hipotético y utópico caso de que me volviese a casar.
Mi primer consejo es: “¡Huye! No te cases”. Estoy de broma. Vivo de la ilusión y del amor, aunque mi propia experiencia (y la de muchas de mis clientes) haya sido decepcionante y me haga mantener una actitud escéptica al respecto. Venga, vamos a por ello.

NO reservaría un sitio sin Plan B
¿Qué quiere decir esto? Los jardines son preciosos, el enclave es inigualable. Quizá os planteáis hacer el cóctel en el exterior o por qué no, el banquete nupcial al completo. Sin embargo, si llueve, no tienes dónde meter a tus invitados y proseguir con la celebración al margen de las condiciones climáticas. Aunque vuestro enlace tenga lugar en pleno verano, no te confíes: busca un lugar con opciones bajo un techo firme. Cásate en el exterior, cásate en verano o en pleno invierno si quieres, pero siempre con un Plan B. Por si acaso.
NO iría al banquete en coche antiguo
Si iglesia, el juzgado o el hotel están a una distancia superior a los 8-10 kilómetros del centro de celebraciones, no usaría un coche antiguo. No solo ruedan extremadamente lentos, sino que además se rompen con mucha facilidad. En la última anécdota que tengo al respecto, una avería condicionó la llegada de los novios al banquete: debían llegar a las siete de la tarde y al final se perdieron su boda, llegando pasadas las diez de la noche.
Si a pesar de todo os apetece alquilar un coche antiguo o usar el de vuestro bisabuelo, mi recomendación sería cogerlo más cerca del destino y estar siempre custodiados por un coche escoba que os pueda recoger en caso de avería.

NO cargaría la fiesta de actividades
Es un hecho que la tendencia de las bodas está cambiando. En el pasado, lo más importante era el menú; después, fue la decoración y el efecto “guau”. A día de hoy, la mayor parte del presupuesto de una pareja se destina a la fiesta. Nos pasamos. A veces, hay bodas que parecen gymkanas: un fotomatón, el teléfono de los mensajes, Glitter Bar, hora loca, toro mecánico, vídeo 360º… No hace falta. Os ahorraréis dinero y tanto vosotros como vuestros invitados lo pasaréis genial sin una agenda tan cargada.
NO haría una boda demasiada larga
Tras años de experiencia, me atrevería a decir que la duración idónea de la celebración de una boda es de seis horas. A partir de ahí, comienza el drama: la gente se desfasa y empiezan los vómitos y a romper cosas. Deja de ser divertido y puede acabar en tragedia: más veces de las que me gustaría reconocer, hemos tenido que llamar a los servicios públicos, ya sea en su versión sanitaria como de seguridad.
NO invitaría a los niños
No me odiéis. Soy madre, abuela y adoro a los niños, pero si bien no llevaría a un niño a un casino, tampoco me parece que sea su lugar una boda. A riesgo de que me matéis, yo tengo un lema: “Boda con niños, guardería; boda sin niños, divertida”. Eso sí, estoy segura de que la culpa no es de los niños: es de sus padres. No obstante, estamos ante una generación de progenitores desconocedores de los límites y somos los demás los que tenemos que pagar las consecuencias. Sin duda, boda sin niños.

De invitar a alguno, muy cercano. Además, en este caso, IMPRESCINDIBLE, un monitor o animadora que se haga cargo de los pequeños lejos de los puntos críticos. He tenido tartas en el suelo, manteles arrastrados, mesas dulces destrozadas… Muy pocas bodas con niños invitados salen perfectas. En algún momento, cogen un protagonismo inesperado y la lían.
Estas serían las CINCO COSAS que yo no haría en una boda. Por supuesto, sobra decir que cada uno en su boda hace lo que le dé la real gana. La premisa debe ser el disfrute, la diversión y compartir tu felicidad con tus seres queridos. Ya habrá otra ocasión para celebrarlo con los niños.