Pero muy, muy malamente. Y no es porque me de lujazos ni sea aficionada al jamón de bellota o al champán francés.
Mis padres siempre apostaron por la educación y por la formación . Pensaban que era la mejor de las opciones para poder tener, por un lado, un trabajo en el que estar bien y para obtener, a cambio, una calidad de vida que permitiera un cierto confort. Pequeños caprichos. Lo mismo que habían vivido ellos en su juventud.
Siempre fui una buena estudiante, me gustaba aprender y en general se me daban bien casi todas las materias. Así que no tuve ningún problema para entrar en la universidad. El problema, según parece es que no elegí la carrera “adecuada”. Estudié Educación Social ,seguí con Trabajo Social y un máster de especialización en este ámbito.
Asumo que desde el primer momento en que empecé mis estudios, vi claramente que este campo que yo había elegido no me llevaría nunca al camino de la fortuna (en términos puramente económicos), pero tampoco pensé que fuera un ámbito tan mal pagado y tan infravalorado. Trabajo en ello porque me gusta de verdad, porque creo que puede aportar muchas cosas y, aunque no se pueda cambiar el mundo, sí hacer el mundo un poquito mejor para algunas personas. A nivel de satisfacción personal, con eso me llega.
Pero a nivel económico, no me llega; o me llega muy justito.
Los convenios en mi ámbito laboral son miserables. Los contratos, muy por debajo del nivel de competencia. Es lo que hay, dicen ; o lo tomas o lo dejas. De momento, lo tomo porque tengo facturas que pagar, qué remedio!!!
Esperaba, con casi 30, tener más estabilidad financiera, poder ahorrar un poco… no sé, sentir que había avanzado a nivel económico. Mis padres a esta edad tenían su casa, 2 coches y a mí. Yo no puedo mantener ni a un hámster!!
Tengo amigas que se dedican a hacer “chorraditas” informáticas y ganan un pastizal. No las envidio ni las desmerezco (me alegro por ellas, de verdad). Pero me genera un profundo rechazo que diseñar/programar un juego para el móvil, sea más rentable que buscarle a un menor una casa de acogida o dar formación a mujeres víctimas de violencia de género para que puedan ser autosuficientes económicamente, o gestionar ayudas para personas sin recursos, o hacer reeducacion en situaciones de exclusión social, o hacer programas para evitar el vandalismo o prevenir adicciones o….
A veces me da la impresión que todo aquello que tiene que ver con las personas, no importa nada. Es decir, no importan todos aquellos trabajos que lo que pretenden es ayudar a mejorar la calidad de vida, a facilitar recursos, a reducir el desamparo….
Importa , por contra, todo lo que crea adicción ( desde un medicamento hasta un videojuego). Importa todo lo que anula el pensamiento crítico…
Tengo una amiga que es profe, (otra pobre pringada de lo social), que opina lo mismo que yo, que desde hace años en educación todo se resuelve con papeles, protocolos, informes y a través de aplicaciones; muy pocas veces se hacen las cosas de persona a persona.
Creo que este desprestigio “de lo social” tiene una finalidad, que es convertirnos en personas más individualistas, aisladas de los demás, que no nos importe para nada lo que le pasa al vecino de enfrente. Llamadme conspiranoica.
Pero ese desprestigio, además de lo anterior, conlleva que yo casi no llegue a final de mes. Cada vez que hablo de estos temas con mi madre, ella que es muy sabia, siempre termina la conversación con la misma frase: “yo no sé lo que pasará, pero lo que sí sé es que siempre harán falta personas que escuchen a personas”
Envía tus movidas a [email protected]

