Locura máxima cuando estaba esperando en el pub, ya con una cerveza en la mano, y de pronto veo que entra mi cita por la puerta, pero no venía solo, no. Traía a una niña pequeña de la mano. 

Os pongo un poco en contexto. Era un hombre más bien tímido que se veía que no solía ligar mucho y que usaba poco las apps de citas. Cuando por fin se animó a quedar conmigo le propuse un plan bastante atractivo para los dos: en un pub a medio camino entre su casa y la mía montaban sesiones temáticas musicales. La temática era música de los 2000.

Por cómo lo anunciaban, me lo esperaba un poco más Oreja de van Gogh y un poco menos zúmbale mambo pa que mis gatas prendan los motores, que era justo lo que sonaba cuando esa niñita se acomodó junto a mí, mirándome con los ojos como platos. Miré la miré y le sonreí. Acto seguido lo miré a él, en busca de la explicación que no me había dado al presentarse:

“Esta es mi sobrina, Aitana. Dile hola, Aitana”. Aitana no dejaba de mirarme, pero no decía nada, solo se metía la mano en la boca. “Aitana dile qué edad tienes. Tengo casi cinco años. Díselo.” Así se comunicaba el tío, desviando la atención hacia esa monada de cría mientras mi cabeza seguía plagada de interrogantes.

Lo primero era lo primero: “Igual Aitana se sentiría más cómoda en otro tipo de local si se va a quedar con nosotros toda la tarde. En una cafetería, por ejemplo.” Mi objetivo era muy claro. Quería que me dijera sin paños calientes por qué no había aplazado la cita si tenía que cuidar de su sobrina, o que me confirmara si se iba a quedar todo el rato, y por qué no me había dicho al menos de quedar en otro sitio más apto, donde no hubiera gente medio borracha.

El tipo se sentía un poco avergonzado por su mala gestión, pero se negaba a admitirlo, así que le quitó importancia asegurando que Aitana estaba bien allí y que para otra ocasión podíamos vernos en otro lado a solas, pero que se quedaba con ella todo el finde porque sus padres estaban fuera de la ciudad. 

Yo sopesé la situación. No era eso lo planeado ni mucho menos, pero me daba pena la niña que no tenía culpa y que, a juzgar por su incomodidad (prefirió sentarse a mi lado), no tenía mucho trato con su tío. Aguantaría el tirón por estar un poco de Aitana y si el tío no me convencía (SPOILER: no me convenció) pues le quitaba el match y a otra cosa, mariposa.

Al poco, el tío salió a fumar, cosa que hizo mucho en la hora y media que estuvimos, y claro, yo sola con la niña… me salía hablarle. “Aitana, ¿dónde están tus papás? ¿Se han ido de viaje?” A lo que me contestó, por fin: “A Mallorca”. Yo le dije algo así como que qué guay, que si iban por alguna celebración, a lo que la niña respondió: “Se gritan”. Ahí ya mi corazoncito hizo “crac” un poco, la verdad, y me olvidé de que aquello era una cita con un torpe social caradura: mi cita ahora era Aitana.

Empezamos a hacernos amigas cuando dijo que tenía pipí y muy efusivamente me agarró de la mano para que la llevara yo. No supe identificar si era porque le daba corte que la llevara un hombre o porque yo le ofrecía más confianza. Si era lo segundo era un claro “amiga date cuenta”. Grande, Aitana. En el baño le dejé jugar con mi lápiz de labios y la verdad es que me la gané. 

A la vuelta del baño su tío volvía a estar fuera fumando, así que la niña se fue soltando más a hablar y me preguntó por mi color favorito, mi Monster High favorita e insistió también en saber si había visto la película de los Minions, a lo que respondí un rotundo sí. Con eso me terminé de convertir en su mejor amiga, a juzgar por su reacción.

Acabamos bailando en la pista Moriría por vos de Amaral y después de llegar a ese punto álgido decidí que era el momento de marcharme, porque me estaba encariñando demasiado con la niña y su tío tenía la cara más dura que el hormigón, que me la había endosado porque no tenía ni idea de tratar con niños ni le importaba un comino ni nada. 

Lo cierto es que me sentí utilizada por un tipo que, seguramente, pensara que lo de cuidar niños es cosa de mujeres, pero no me arrepiento de haber sido la mejor amiga de Aitana durante una hora y media.

Ele Mandarina