Hola amigas, vengo a contaros mi drama. Como todas las buenas historias en esta vida tiene amor, suspense y corrida, mucha corrida. Aunque desgraciadamente no la que me gustaría, pero como dice mi tía Encarna, una no puede tener todo en esta vida.

El año pasado pasé por una especie de cuando haces pop ya no hay stop en Tinder y parecía que era yo una entrenadora pokemon o algo así, porque hijas mías, no hacía otra cosa que buscar al posible padre de mis hijos en esto de los interneses.

Llamémoslo mala suerte, desgracia – un tic en el dedo– pero acabé dándole like a un chaval muy mono de Vejer y la cosa fluía bastante y como precisamente eso era lo que yo quería, fluidos, le propuse quedar.  Él majísimo, me dijo que fuera a su pueblo que estaban de fiestas y que un par de cervezas y un bailoteo no nos lo quitaba nadie.  Ahí iba yo. sirena total, con mis taconazos y unos pantalones de polipiel negros súper ajustados, dispuesta a quemar la verbena de pueblo.

Después de como cinco cervezas y un par de choricillos a la brasas (a veces sigo soñando con esos choricillos recién hechos con pan calentito, ay mamá)  una que tiene necesidades fisiológicas pues fue a hacer pipí, como no me conocía el pueblo y eso estaba un poco petado y yo estaba más que contenta PUES ME PERDÍ.

Vamos, me perdí como le puede pasar a cualquier hijo de vecino, que con cinco jarras de cerveza me pierdo hasta en mi casa. Total, que ahí estaba yo, en una calle muy larga con un montón de gente esperando y hombre, algo raro me olí, pero entre que soy apavada de naturaleza y la cogorza curiosa que llevaba encima pues mucha cuenta no le eché.

Saqué mi móvil para escribirle un whatssApp a mi cita tinder y decirle que un par de planos por el pueblo no vendrían mal cuando veo que TODO el mundo echa a correr. Y cuando digo todos es TODOS.

Y claro, si la gente corre, pues tu corres,eso está en el manual de primero de supervivencia.

Y ahí estaba yo, borracha, en tacones, corriendo delante de una VAQUILLA de no sé, 100, 200 o 3000kg, no lo sé, pero en qué momento yo iba a chuscar y acabé corriendo por mi vida.  Porque correr, corrí. Os lo juro por mi vida. Jamás imaginé que tuviera yo esa velocidad interior. Me llegaban las piernas al culo, majas.

Como os podréis imaginar, me agarré cual mono volador a una reja hasta que terminó el encierro. Como spoiler os diré que no morí, que el chico me pidió perdón mil veces y que bueno, nunca he estado yo muy a favor de las corridas de toros, pero mis amigas me tratan con más respeto desde que saben que escapé de las garras de la muerte.

@speedygonzales