Me da mucha vergüenza mirar hacia atrás y ver como nos portamos todos con esta chica. Para poder contar la historia, voy a llamarla María.
En mi grupo de amigos estábamos todos muy unidos, la mayoría somos amigos desde el instituto y algunos desde primaria. Siempre que alguno de nosotros se ha echado pareja, nos la ha presentado y la hemos tratado como a una más.
Teníamos nuestros más y nuestros menos, como todos los grupos, pero nunca habíamos tenido una bronca tan grande hasta que llegó María.
Nos la presentó un amigo nuestro de toda la vida, uno de estos con los que tienes mil anécdotas y conoces a sus padres. Un chico que en su época fue una cabra loca y que poco a poco se fue centrando. Tuvo varias parejas que no llegaron a nada y finalmente, parecía haber encontrado a la indicada.
María empezó a venir con nosotros a todos los planes, nos cayó muy bien e incluso algunos de nosotros quedábamos solos con ella. Encajó enseguida y a ellos se les veía felices, de hecho, iba tan bien, que se fueron a vivir juntos.
Nuestro amigo nos contó que él no lo veía claro, que llevaban poco tiempo juntos pero que María estaba muy ilusionada y como él apostaba por la relación, aceptó.
Fuimos todos a ayudar con la mudanza y ya vimos el ambiente un poco cargado. María estaba de morros y estuvo todo el rato en la habitación, colocando cosas y sin interactuar con nosotros. Se veía clarísimo que habían discutido y no quisimos meternos. Cuando acabamos, le dijimos a nuestro amigo de ir a tomar algo.
Nos contó que María estaba insoportable, que cuando él no hacía las cosas como ella quería, todo eran problemas. Que cada noche tenían charlas donde ella no paraba de exigirle cambios y que no sabía como iba a acabar la situación. Decía que no sabía de dónde venía todo eso, pero que las mudanzas eran estresantes y esperaba que cuando todo acabase, ella se relajase.
No quiero excusarme, pero nos lo explicó de tal manera que sembró en el grupo la semilla de la sospecha y todos empezamos a ver a María con otros ojos. Como alguien que había presionado a nuestro amigo para irse a vivir juntos, que luego pretendía cambiarle y que estaba montándole pollos cada noche.

A partir de entonces, en nuestras quedadas empezamos a ver que su relación no iba a durar mucho, María estaba siempre enfadada, parecía otra persona. Nuestro amigo nos miraba y ponía los ojos en blanco, a él le veíamos como “el que la aguantaba “ y a ella como la amargada.
La situación se fue prolongando y tensando hasta que nosotros mismos empezamos a decirle que la dejara. Cada vez que nos venia a contar alguna movida, le decíamos que claramente ella no era la indicada, que parecía que sí, pero que en realidad no se entendían y había tardado en enseñar su verdadera cara. Él siempre decía que quería esperar a ver si mejoraba y nosotros empezamos a cansarnos de sus idas y venidas.
Finalmente llegó un día y nos dijo que María se había ido de casa sin avisar. Nos contó que vio que los mensajes no le llegaban por WhatsApp, si la llamaba le salía teléfono apagado y no conseguía contactar con ella. Cuando llegó a casa vio que ella se había llevado todas sus cosas y le había dejado las llaves en la mesa.
Todos nos sorprendimos y algunos de nosotros quisimos contactar con ella, pero ella se limitó a pedir que por favor la dejásemos en paz.
Nos sentó muy mal a todos, se le cogió mucho asco en general y nos centramos en apoyar a nuestro amigo y ayudarle a superar el mazazo que acababa de recibir.
Ya os podéis imaginar como fue aquello, algunos se lo llevaban de fiesta, otros le hablaban mal de ella y le decían que ella no le merecía y que encontraría algo mejor… Ahora lo pienso y me siento fatal.
Pues la noticia nos llegó dos semanas después, cuando nos enteramos de que María había denunciado a nuestro amigo por malos tratos. En ese momento nos entró la risa y pensamos “lo que faltaba “. No nos lo creímos ni por un momento y a él le apoyamos en todo.

Difamamos a María, defendimos a nuestro amigo, le acompañamos a todos los sitios que tenía que ir… Nadie cuestionó nada. Lo hicimos todo mal.
Antes del juicio nos fuimos enterando de la verdad. María tenía partes médicos de lesiones, testigos de algún restaurante en el que habían estado, la declaración de los vecinos y de sus compañeros de trabajo, ya que un día fue nuestro amigo a montarle el pollo allí.
La noche que se fue, estaba literalmente huyendo y se refugió en casa de una amiga.
Fue un choque muy grande, tanto por lo mal que nos portamos con ella, como por descubrir que él era un maltratador.
Hubo varias discusiones en el grupo y se generaron dos bandos, los que no se querían meter hasta que terminase el juicio y los que le confrontamos y finalmente nos alejamos de él.
Eso acabó determinando los que nos seguiríamos viendo después.
María no quiso saber absolutamente nada de nosotros, y no la culpo. Las últimas semanas fuimos un ambiente muy hostil y cómplices de lo que le estaba pasando. Además, después no la creímos y fuimos diciendo por el pueblo que la denuncia era falsa.
Yo le envié varios mensajes de disculpa que no contestó. De verdad que me siento fatal por el comportamiento que tuvimos y si me pongo a mirar el pasado de él, puedo entender muchas cosas y me cuadran muchas otras sabiendo como, al parecer, era con las chicas.
Nunca esperas que un amigo, alguien tan cercano con quien has crecido, sea un maltratador. Nos engañó a todos y a día de hoy, hay quien todavía le defiende.
Por mi parte, espero que María esté bien y que algún día nos perdone por el mal rato que le hicimos pasar.