Pues, como dice el título, voy a ordenar de menos a más curiosos, los sitios donde mis amigos treintañeros y yo hemos tenido relaciones sexuales. Porque cuando las ganas aprietan, parece que cualquier sitio que ofrezca un mínimo de privacidad, es bueno. En nuestro caso, pasamos por alto, incluso, otros requisitos como la comodidad o la salubridad. 

Empezamos por el sitio más normalito, dentro de los raros: aguas termales. Resulta que mi amigo frecuentaba unas termas donde se hacía un festival de música anualmente. Un lugar cerca de Granada. Pues a mi amigo y su pareja les pareció el sitio perfecto para echar un polvo, tras un baño de agua calentita, cuando terminó el festival. Vale, no es nada escandaloso. Por lo menos este lugar, a esas horas, ofrecía privacidad, comodidad y relajación. 

Luego está mi amiga Irina, que, como buena amante de las fiestas de pueblo, empezó su noche disfrutando de la verbena y la acabó conociendo a un chico con el que tuvo sexo casual. Lo curioso de este caso es que cometieron un delito para dar rienda suelta a la pasión: allanamiento de morada, pasando por alto la inviolabilidad del domicilio, recogida en la constitución española. A ver, hay que reconocer que la alternativa era tirarse en mitad del campo y acabar con el culo lleno de hierba y bichos. Así que lo mejor era saltar una valla y tener relaciones sexuales en el jardín de una casa habitada, en las hamacas. Yo me imagino la escena digna del circo del sol. Porque follar en una hamaca no debe ser fácil estando sobrio. Pero después de las fiestas de pueblo, a esa pareja se le presuponía cierto nivel de alcohol en sangre. Así que ocupa un digno cuarto lugar. Por cierto, que, al hablar de posibles encuentros con insectos en el campo, me he acordado de otra amiga que no entra en este ranking, pero que es digna de mención: Valeria se metió en una cubeta de estas que ponen los albañiles delante de las casas que están arreglando, para ir echando ahí los escombros. Alguien habría tirado comida y ella acabó con el cuerpo lleno de hormigas. 

En fin, sigo con la lista oficial: 

Del tercer puesto en adelante, son experiencias sexuales propias. Y no es que yo tenga especial interés en encabezar el ranking, sino que mis amigos suelen coincidir en darme el premio a la más, digamos, imaginativa a la hora de elegir dónde mantener relaciones sexuales. 

Pues eso, tercer puesto: debajo de un camión. Ni siquiera era en un área apartada. A mi primer novio y a mí nos entró el calentón en medio de la ciudad y el primer sitio oculto y poco iluminado que se nos ocurrió fue en los bajos de un camión que, debido a su tamaño, ofrecía un buen escondite si permanecíamos a cuatro patas. Perfecto para la postura del perrito. 

Segundo puesto: cementerio. Este quizá debería haber ido en el primer lugar. Pero apuesto a que hay un sector de la población a quien no le sorprende demasiado, así que se queda en el segundo. Seguro que hay más gente que ha utilizado este lugar como picadero. Basta con tener poco respeto a la muerte (Davy Jones de Piratas del Caribe estaría decepcionado con nosotros) y muchas ganas de pasarlo bien. Este sitio, aciertas horas, ofrece privacidad de sobra. 

Y en un primer puesto bastante merecido, a mi parecer, está el lugar más difícil de explicar. Yo lo llamo “cornisa”, pero seguro que hay un término mejor para ello. Os explico: imaginad un edificio de planta redonda cuya azotea, por alguna razón, es cuadrada, pero está vallada de forma redonda, como el resto del edificio. Pues hay unos picos, las esquinitas del cuadrado, que se quedan por fuera de la valla, a cinco o seis pisos de altura. Las vistas espectaculares. La posible caída, también. 

Creo que solo queda concluir que, cuando las ganas aprietan, cualquier sitio es bueno.