Xavi y yo decidimos ser padres después de 7 años juntos. En cuanto ambos estuvimos de acuerdo, programamos cita con la ginecóloga. Que si tienes que bajar 30kg antes, que si los ovarios poliquísticos, que si el útero deforme, etc. Cambiamos de ginecóloga y los tres siguientes aseguraron que no podría tener hijos por como tenía el útero y los ovarios. El último de todos hasta aseguró que era improbable incluso con in vitro. YO la que jamás quiso tener hijos salía llorando de una consulta en la que me CONFIRMABAN que no podría tenerlos.
Decidimos intentarlo a la vieja usanza. Sorpresa, al mes estaba embarazada. Nos pilló tan desprevenidos porque pensábamos que sería para años o nunca se daría, que no sabíamos si ilusionarnos o no. Fuimos a la ginecóloga y allí confirmaron el embarazo. Nos comentó que ya solo por nuestra edad (menores de 30) era obvio que había muchísimos factores a nuestro favor. A cuadros nos quedamos (y con ganas de denunciar a los anteriores, también).
El último trimestre di positivo en diabetes gestacional y la última semana se me subió la tensión tanto que me dijeron que tendrían que inducirme el parto por riesgo de preeclampsia. Programaron la inducción para esa misma tarde.
Una vez llegué al hospital con mi maleta XXL, entré en la sala de maternidad diciendo “hola, vengo a parir”. Se rieron y me mandaron salir y dar mi documentación en administración. Mal empezamos.
Una vez formalizada la documentación y volver a subir a la sala de maternidad, me pusieron una bata y me mandaron a paritorio a meterme “el kiwi”. Me chirriaban muchísimo los bebés recién nacidos que no paraban de llorar en las habitaciones y Xavi se moría de la risa recordándome que en unas horas sería nuestro bebé el que lloraría. Quién me mandaría preñarme.
Por la noche empecé a sentir un poco las contracciones. De madrugaba iban aumentando pero sobre las 4 am dejé de sentirlo. De la nada ese alien que tenía dentro y que quería salir atravesándome la piel, paró. Me asusté y le pedí a Xavi que llamase a la médica. Aún medio dormido me dijo que el bebé estaría durmiendo.
Vinieron a por mi y bajamos a paritorio, confirman que el niño se quedaría dormido, los dos nos sentimos aliviados y Xavi esbozó una sonrisa de medio lado. Punto para él.
Pasaban las horas y no sabía ya cómo menearme para dilatar. Me dijeron que me romperían manualmente la bolsa, que no dolería. Joder si dolía. Me quejé en todo momento. Cuando la doctora sacó la mano y se quitó los guantes pude ver sus perfectas uñas de gel en forma de avellana. Casi la mato ahí mismo. Pero por fin rompí bolsa.
Tuvieron que moverme de paritorio. Como había firmado el consentimiento para que hubiese gente de prácticas, durante todo el parto (33h en total) conté 27 personas entre doctores y los de prácticas.
En torno a las 18:00 comencé a sentir las primeras CONTRACCIONES, en mayúsculas, porque así las sentía. Pedí la epidural en ese mismo momento. Mandaron al de prácticas y tras 5 intentos no daba pinchado en el sitio. Tuvo que venir la anestesióloga para pincharme a la primera. Total: 6 pinchazos con 5 microdosis de epidural y 1 buena. Estaba en los mundos de yupi del colocón.
Cada dos horas me hacían un tacto, pero antes de las 23:00 sentía muchas ganas de pujar. La matrona, me indicó como hacerlo, pero era imposible que estuviese dilatada. Volvió a meter su mano en mi chumino. Confirmado. Dilatadísima.
Empujé durante horas pero eso no avanzaba. Mi niño, aunque estaba bien colocado, su cabeza giraba para el lado que no era. Hablaban por lo bajo, entre médicos y alumnos, de cesárea, episiotomía, técnicas… y no entendía nada. Pedí “en alto y que se entienda por favor” que me explicasen. Me indican que cada vez que pujaba, al soltar volvía al sitio, por lo que no avanzaba y las 3h que dan de margen para hacerlo estaban por acabar. Me negué a una cesárea. No me preguntéis por qué, pero dije un no rotundo.
Yo estaba hasta arriba de epidural y con chulería dijeron que si era capaz de ponerme a 4 patas me daban un último intento. Xavi intentó ayudarme pero le pararon. Tenía que hacerlo sola. Así fue como saqué todas mis fuerzas y con ayuda de mis brazos me puse a 4 patas. Xavi dice que las médicas y alumnas se miraron y no les quedó otra de llevarme al último paritorio.
Xavi estaba que no podía ni pronunciar palabra. Dijeron que me harían un pequeño corte para facilitar la salida y me negué. “Prefiero desgarrar”. Pusieron muy mala cara pero lo permitieron. Xavi llevaba 3 meses haciéndome el masaje perineal y confiaba plenamente en que saldría bien.
Empujé. No salía. Empujé. No salía. EMPUJÉ. NO SALÍA. Propusieron la ventosa y acepté. La colocaron, empujé y la ventosa salió disparada. La alumna en prácticas no la había enganchado bien. Hematoma en la cabeza del niño y aún ni había nacido. Prueba la profesora, engancha la ventosa. Empujé. Y SALIÓ.
Salió pero no tenía latido, cortaron el cordón y se lo llevaron a urgencias pediátricas, no habían atravesado ni la puerta cuando se le escuchó llorar. Por fin había nacido.
No desgarré. No pasé dolor físico. El mayor dolor que sentí es que no me quisiesen escuchar y que quisieran hacer los procedimientos más cortos. En muchas ocasiones estuve tentada a denunciar, pero también se que no me dejé guiar por sus recomendaciones en ningún momento y seguí mi propio instinto.
Desde entonces me siento invencible.
