Hola!
Hace días que tengo muchas ganas de pasar por aquí en el foro y desahogarme un poco escribiendo 4 líneas.
Llevo ya un tiempo con muchas ganas de adelgazar y volver a pesar lo que llegué a pesar cuando hice dieta de adolescente (peso 115 kg y llegué a pesar 60) porque no acabo de estar bien conmigo misma, pero me cuesta mucho dar el paso y no romper con la rutina de comidas. Siempre me he sentido muy criticada por no adelgazar y a veces pienso que igual quiero adelgazar porque me siento mal conmigo misma por los comentarios de la gente de mi alrededor.
Mi madre siempre ha estado muy encima mío, insistiendo en que debo visitar a un dietista para adelgazar por temas de salud y blablabla. Cada vez que voy a la nevera a por algo de beber o preparar algo para comer (ya sea desayuno, comida, merienda…) ya tengo mi madre detrás para controlar todo lo que como. Y cómo ahora está de baja, la tengo aún más encima. Hemos llegado hasta tal punto, que muchas veces me quedo a comer en la cocina o en mi habitación para que no me controle pero ella se ofende y me dice que tengo un problema muy serio por tener que esconderme de ella al comer, o que algun día seré tan obesa que me tendré que quedar en cama sin poder moverme. Y es que cada vez que insiste en que adelgace e intento seguir una dieta organizada con menús diarios, acabamos siempre por comer lo mismo: Pollo a la plancha, verduras al vapor o cualquier cosa que podamos reaprovechar de la nevera.
Así pues, con mi autoestima tocada y con ganas de adelgazar para no parecer una vaca hinchada a esteroides, visité hace un tiempo a un dietista que parecía bueno. Una amiga de mi madre le había hablado muy bien de él, ya que un familiar suyo se había adelgazado mucho gracias a su dieta y tenía la consulta cerca de mi casa. Su dieta, me pareció algo extraña (aunque quizá funcionase), ya que era a base de comer proteína en batidos, carne y patata. Cuando pasaron una o dos semanas tras la primera visita, fui a realizar la segunda visita de control rutinario para controlar peso, masa muscular, etc. con mi chico (en ese momento, hacía un par de meses que salíamos como mucho). Me daba vergüenza que me acompañase ya que él es más delgadito que yo y tenía miedo de lo que pudiera pensar al conocer mi peso exacto (aunque él siempre me ha querido como soy, nunca me ha insinuado que debiera adelgazar o que no le gustase como soy, él me conoció ya con mis 115kg). Al adelgazar poco esa semana el dietista, delante de mi pareja, me empezó a faltar al respeto diciéndome (muy alterado) lo muy gorda que estaba, que así no iba a ninguna parte… haciéndome sentir humillada. En ese momento, salí de su consulta enfadadísima, con lágrimas en los ojos, ganas de escupirle en la cara (y quedarme más ancha que pancha) y no volver más.
Y a partir de aquí, yo me pregunto: ¿Que pasaría si yo quisiera conservar todos y cada uno de mis michelines? ¿y si ya me está bien parecerme a una vaca hinchada a esteroides o al muñeco michelín? ¿y si quiero quererme a mi misma lo suficiente como para no importarme cómo se ve mi carcasa de gruesa? ¿que puedo vestirme con cualquier cosa igual de mona que otra chica cualquiera, con la que no compartamos talla? ¿Por que no se respeta a cada uno sea como sea? Lo importante en la vida es disfrutar y aparender de cada momento, tener cabeza y buen corazón, no son los kg de más. Al fin y al cabo, nos iremos de este mundo con las experiencias vividas, no con nuestros kg.
Así pues, espero poder llegar algún día a quererme lo suficiente como para verme bien, sea como sea, esté como esté.