Texto enviado por una seguidora a [email protected]
PARTE 1
Después de las aventuras vividas el lunes en la sala de espera, esta mañana estaba ansiosa por saber qué me depararía la cosa. Teniendo la eco a las 10:30 (las pruebas si van por horas) me imaginaba que llegaría a la casa para la hora de cenar… ¡pero no! Para mi sorpresa solo había una persona delante de mí y ya estaba en consulta. Ni cinco minutos esperé… un día para recordar, sin duda.
Una vez en la consulta, el médico prepara la máquina mientras me pregunta qué me ha pasado y yo me pongo a contarle la aventura: limpiando una de las máquinas de producción las escaleras, que no tenían antideslizantes, se resbalaron y caí sobre una barra de hierro. Pero se ve que el hombre estaba sensible, que me pidió que parara, pues le estaba dando escalofríos. Ejem… usted es médico, cosas peores habrá visto… En fin, que yo paro, total, no será él quien me lleve el historial.
Me pasa el rodillo con el gel más frío que la cerveza que se nos quedó olvidada en el congelador el otro día y lo hinca en la zona que más me duele… primero en una y luego en otra. Yo hago un notable gesto de dolor y contengo las ganas de cagarme en su árbol genealógico entero, desde el Paleolítico. Mientras mira la pantalla me dice: “Con una barra de hierro ¿verdad? Pues es normal que te duela, tienes rotas dos costillas”. ¿¿¿Dos costillas rotas??? De repente me acuerdo en la santa madre de la doctora que me dijo que en la placa todo se veía correcto, que solo tenía una contusión fuerte. Pero el médico sigue: “Espera, que voy a mirar que no tengas ninguna perforación en el bazo…” Señor doctor, creo yo que después de casi dos semanas con las costillas rotas (sin saberlo), si tuviera el bazo perforado hubiéramos tenido algún contratiempo… Pero oye, mire usted por si acaso. Nada… Mi bazo está en óptimas condiciones.
Y una vez realizada la ecografía, la segunda misión es que me vea la doctora, la misma que no vio dos costillas rotas en una placa. Muy esperanzador todo. Que pensándolo ahora, menos mal que no era ella la que tenía que interpretar la eco, si no me pone a dar volteretas en el circo de Rody Aragón mañana mismo. Me dirijo a información y allí estaba la simpática recepcionista que solo sabe contar hasta 14. Con la misma cara de tener ganas de vivir que el lunes. Pero en una de estas se puso la chaqueta y se fue… cuando miré hacia atrás comprendí por qué… y es que había una cola que llegaba casi al otro módulo. Sin duda había más de 14 personas, su cerebro debió sufrir un colapso y huyó haciendo la croqueta. Y allí se quedó solo a cargo de la interminable cola un muchacho de estos que tú lo ves y piensas… “si, sus padres follaron sin ganas”. Llega mi turno, le explico que tengo que ver a la doctora para que me diga qué hago con mi vida en general y con mis costillas en particular, y me suelta la frase que más he oído en estos últimos meses y que más miedo me da: “pase al fondo del pasillo, le llamarán de la sala 10”. Ojú… paciencia. Pero para mi sorpresa la sala de espera que tanto juego dio el lunes estaba casi vacía… y la doctora me llama enseguida. Esto no me vuelve a pasar en la vida.
La doctora, que me mira ya con cara de querer adoptarme, ve los resultados de la eco y se queda blanca. Y antes de que me diga nada le digo: “dos costillas rotas”. Ella no sabe dónde meterse. Pero lo mejor está por llegar. Le pregunto que cómo es posible que en la placa inicial no se viera esa rotura y me responde, PALABRAS TEXTUALES: “Es que la calidad de las placas aquí son una mierda. Hasta en la pública son mejores”. CÓGETE EL CHOCHO CON LAS DOS MANOS MARICARMEN. ¿Esta señora es consciente de que aquí viene gente que paga por hacerse placas? Pero antes de que pudiera asimilar lo que me había dicho, ella habla: «Has tenido suerte, una costilla rota más y es ingreso». A ver cariño, una costilla más rota y hubiera sido la misma mierda PORQUE EN LA PUTA PLACA NO SALÍA ROTURA. Todo esto lo pienso, porque total, no me puedo irritar mucho, que me duele la vida…
Bueno pues le explico que ni el enantyum ni los relajantes musculares me alivian los dolores, y me dice que no, que no me va a aliviar ni eso ni nada, que me va a mandar unas pastillas con codeína para evitar que me de algún ataque de tos y muera de dolor. Eso sí, me advierte, las pastillas estriñen mucho… (Igual nuestra colega la recepcionista está enganchada a ellas y por eso tiene la cara que tiene). Y yo, para mis adentros, pienso: “Verá… si me va a dar usted unas pastillas que estriñen y yo no puedo hacer fuerza de ningún tipo… ¿sabe que se da la posibilidad de que en una semana me salga la mierda por las orejas? Casi que prefiero un posible ataque de tos aislado”. En fin, que como la pobre no sabe qué hacer conmigo ya, me deriva al trauma y ya el si eso, que me diga como leches me recupero yo de esta.
Pues nada, voy a recepción a pedir mi cita para el trauma y allí sigue el muchacho, que escucha campanas y no sabe dónde, y me dice que yo ya tengo cita para mañana con el trauma, desde ayer. Yo, que no sé ya si estoy en una clínica o en el gabinete de Aramis Fuster, pienso: “Alma de cántaro… ¿Cómo leches voy a tener cita desde ayer si nos hemos enterado hoy que tenía dos costillas rotas?” En fin, que le explico que es imposible, que al trauma me han derivado hace minuto y medio y me mira con cara de alucinado, como si hubiera visto a la compañera contar hasta 20.
Y nada… Me voy con mi cita para mañana… Esta noche no duermo de la emoción.
Vir Pino
