Nací en 1996, en esa época en que los teléfonos aún iban atados a un cable y los humanos eran libres, ¿os acordáis? Bueno, los de la época, seguro que también recordáis que los aparatos electrónicos interferían entre ellos, había que apagar algunos para que otros funcionaran, y otras triquiñuelas de esas…
La cuestión es que yo era una bebé que no llevaba ni un año en este caótico mundo. Mi padre trabajaba por las mañanas y mi madre se encargaba de cocinar, así que cuando yo estaba en la cuna, en mi habitación, mi madre me ponía un escucha de bebés por si lloraba y no podía escucharme.
Resulta que este escucha interfería con el teléfono fijo de los vecinos de arriba (o el teléfono de los vecinos interfería con mi escucha) y mi madre se enteraba de las conversaciones que el vecino de arriba mantenía con su amante cuando su esposa no estaba.
No teníamos mucha relación con esa familia y mi familia es bastante discreta, así que nadie dijo ni pío… y tan discretos que hasta hace poco, con mis 29 añitos, no sabía de esta historia tan fantástica.
