Marcos y Lucía: capítulo 2

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  • Moetsi
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    Moetsi on #160187

    Cuando llegué al bar Vicente también estaba allí, Marcos salió de la barra para sentarse conmigo en una de las mesas y estuvimos charlando durante casi dos horas.

    -Me encantaría seguir hablando pero son más de las 10, debería irme a casa. Tengo que llegar, ducharme, cenar… se me va a hacer muy tarde y mañana madrugo.
    -Puedo llevarte si quieres, tengo el coche en la puerta- dijo.
    -No, gracias de verdad, no es necesario.
    -Bueno, pues deja que al menos te acompañe hasta la parada.
    -Está bien, aunque no voy a perderme, solo tengo que cruzar la calle.

    Faltaban cinco minutos para que llegase el autobús y le dije que no hacía falta que se quedase a esperar.

    -No me importa hacerlo, me gusta estar contigo.

    Ya existía cierta confianza entre nosotros, pero a veces, cuando hacía esa clase de comentarios, yo seguía poniéndome nerviosa.

    -Deberíamos quedar más veces, al menos mientras tengas el libro, recuerda que el final tenemos que leerlo juntos.
    -Leeré un poquito más y cuando avance, si quieres puedo pasarme otra tarde que estés en el bar.
    -Trato hecho ¡pero no me hagas esperar mucho!- dijo guiñando un ojo mientras yo subía al autobús.

    Se quedó allí parado, con las manos metidas en los bolsillos, sonriendo y mirándome mientras yo me alejaba.
    Suspiré hondo y cerré los ojos unos segundos intentando retener en mi memoria aquella sonrisa, su mirada y sus palabras.
    Unos días después casi había llegado a la parte final del libro, y antes de terminarlo volvimos a quedar otra tarde, de nuevo charlamos durante un par de horas y de nuevo me acompañó a la parada del autobús.

    -¿Quieres que quedemos mañana y terminamos de leerlo?- preguntó.
    -Mañana es viernes.
    -Claro, tendrás planes, otro día entonces.
    -En realidad no, los viernes no suelo salir, creí que el que tendrías planes serías tú.
    -Pues tampoco los tengo, normalmente solo salgo los sábados con Alberto y además este fin de semana no está así que estoy libre.
    -Vale, pues entonces mañana nos vemos.
    -A mediodía no estaré, mañana salgo un poco más tarde de trabajar, pero te espero a las 8.

    Vi el autobús entrando en la avenida, estaba a solo unos metros de la parada cuando Marcos se acercó a mí, puso su mano en mi cintura y me dio un beso en la mejilla.

    -Buenas noches Lucía.

    Me sorprendió aquel beso y él lo notó en mi cara.

    -Perdona, no quería incomodarte.
    -No ¡no lo has hecho! Es solo que no me lo esperaba.
    -Lo siento, igual me he tomado demasiadas confianzas.
    -Tranquilo, de verdad que no pasa nada.

    No sé de dónde saqué el valor ni el atrevimiento, mi timidez a veces resultaba extrema y me impedía actuar con naturalidad, pero en un intento de demostrarle que realmente no me lo había tomado a mal, me acerqué a él y le devolví ese beso en la mejilla.

    -Buenas noches Marcos.

    Subí rápido al autobús y le ví mirándome con la cabeza ligeramente inclinada y con esa sonrisa de medio lado que me parecía tan sexy.
    Podía intuir que a él también le había sorprendido, no es que nos conociésemos demasiado aún, pero Marcos sabía perfectamente que yo era tímida y si yo no esperaba aquel beso que me dio, él mucho menos.
    Esa noche me costó dormir.
    Rememoré una y mil veces aquel momento, y se me erizaba la piel al recordar lo que sentí cuando puso su mano en mi cintura.
    Un simple roce había provocado en mí algo que no sentía desde hacía mucho tiempo.
    Fue un gesto natural, y sabía que era algo a lo que no debía darle tanta importancia, pero no podía olvidarlo sin más, era evidente que me sentía atraída por él.
    Su físico, su sonrisa, su mirada, esa pose un puntito chulesca y su actitud siempre tan despreocupada, cumplía a la perfección con el cliché de chico guapo y aparentemente rebelde del que todas se enamoran en las películas.
    Pero Marcos no era un chico malo y no solo era una cuestión física, él me contagiaba un poco de esa confianza en sí mismo y de su alegría, me aportaba seguridad e incluso me hacía ser un poquito más valiente.
    Siempre había sentido que mi vida estaba incompleta, y sabía que era muy pronto, pero empezaba a ver a Marcos como esa mitad que me faltaba.
    Y para alguien como yo, eso era peligroso.
    Dejarme llevar en exceso por esa parte soñadora, romántica e idealista, no me había resultado bien en el pasado y corría el riesgo de repetir errores, pero no podía evitarlo.
    Marcos tenía algo que me atraía irremediablemente hacia él.

    El viernes pasé el día deseando que se llegasen las 8.
    Estela, que era mi compañera de trabajo, notó que estaba especialmente nerviosa.

    -¿Qué te pasa hoy? No paras de ir de un lado a otro.
    -He quedado esta tarde con Marcos.
    -¿El hijo de Vicente? Pero si le has visto muchas veces ¿Qué problema hay?
    -Si, lo sé. Pero ayer… bueno, en realidad no fue nada. Me acompañó hasta el autobús y me dio un beso en la mejilla. Sé que no es nada del otro mundo, pero todo este tiempo que llevo hablando con él he descubierto que tenemos cosas en común, me lo paso bien cuando estamos juntos y además, tú ya has visto cómo está… no sé, creo que me gusta.
    -¿Y por qué lo dices con esa cara tan triste? ¡Eso no es malo! Anda, déjate de tonterías y de miedos que ya te conozco. El chico está muy bien, alégrate la vista y disfruta de los ratos que pases con él y lo que tenga que ser, será.
    -¡Tu lo ves siempre todo tan fácil!

    Estela además de mi compañera se había convertido en mi confidente y una de mis mejores amigas, le contaba prácticamente todo.
    Era una de esas personas con las que hablar siempre resultaba sencillo y ella me conocía muy bien.
    A las 8 cerramos la tienda y me fui directa al bar.
    Marcos ya estaba allí esperando.

    -Estaba deseando que llegases- dijo.
    -He sido puntual, y es raro que yo salga pronto un viernes ¿Leemos? Ya tengo ganas de saber cómo termina.

    Nos sentamos en una de las mesas uno al lado del otro y comenzamos a leer a la vez, en silencio.
    Había gente en el bar aquella tarde, pero a medida que íbamos pasando las páginas, el ruido desapareció, para mí no existía nada más que aquel libro y nosotros dos.
    A veces se quedaba mirándome distraído hasta que yo me daba cuenta y tenía que darle un toque para que continuase leyendo.

    -¿De verdad quieres que leamos el libro?- pregunté.
    -¡Sí! Perdona, es que me gusta verte leer, tu expresión es muy curiosa, entrecierras un poco los ojos, te muerdes el labio o pones el dedo meñique entre los dientes y a veces frunces el ceño o sonries.
    -¿Tengo una cara para leer? No lo sabía- dije bromeando.
    -Tienes una cara para cada momento, ya las voy conociendo, pero ésta no la había visto nunca.
    -Pues si no quieres ver mi cara de enfadada, sigue leyendo.

    Hizo un gesto de burla con la cabeza volteando un poco los ojos y riendo, pero me hizo caso y continuó, esta vez sin distracciones.
    Giró un poco el cuerpo, acercándose aún más a mí, sus piernas estaban enredadas en las patas de mi silla y su brazo derecho apoyado en mi respaldo, leyendo prácticamente por encima de mi hombro.
    A pesar de tenerle mucho más cerca de lo que estaba cuando empezamos a leer, no me resultó incómodo, era agradable sentirle tan próximo.
    Terminamos el libro y cuando alcé la vista, Marcos me miraba de nuevo.

    -¿Que te ha parecido?- preguntó.

    Charlamos durante un buen rato sobre todas las cosas que habíamos leído, y esta vez era yo la que no podía parar de hablar, estaba aún emocionada con aquella historia.

    -¿Sabes? He leído muchos libros, pero creo que éste se ha convertido en uno de mis favoritos y si no es por ti, probablemente nunca lo hubiese leído. ¡Me encantó! y me da pena haber terminado tan rápido, empezaba a gustarme esto de leer acompañada, es mucho más divertido cuando tienes alguien con quien compartirlo.
    -No tiene por qué ser la última vez que quedamos si tu no quieres.
    – ¿Y qué libro sugieres que leamos?
    -En realidad éste es el primero de una saga, ya hay dos libros más publicados, aunque tampoco tenemos por qué leer siempre, podemos hablar de otras cosas, seguro que tenemos mucho que contarnos.
    -Si, estaría bien que me explicases por ejemplo eso de las caras que me dijiste antes.
    -Lo haré, te describiré una a una todas las que te he visto poner, aunque estoy convencido de que tienes muchas más y quiero verlas todas.

    Me sonrojé un poco e intenté cambiar la conversación lo más rápido que pude.

    – ¡Madre mía! ¿Has visto que hora es? Tu padre ya está recogiendo el bar, son casi las 12 y nosotros aquí sentados, me voy a marchar ya.
    -Venga, te llevo a casa y no acepto un no por respuesta, a estas horas ya no hay autobús y no pienso dejar que te vayas en un taxi teniendo yo aquí el coche.

    Nos despedimos de Vicente, montamos en el coche y le indiqué la dirección.
    Tardamos un buen rato en llegar, mi casa estaba un poco alejada del centro pero la elegí porque me gustaba esa zona, era un barrio tranquilo.

    -¿Qué harás el fin de semana?
    -Mañana he quedado con unas amigas para cenar, y el domingo tengo un planazo, voy a hacer limpieza en casa. Si te quieres venir, tengo un montón de ropa esperando a ser planchada.
    -Pues no se me da nada mal, yo me plancho el uniforme del trabajo así que si alguna vez necesitas ayuda, ya sabes.
    -Gracias, pero no hace falta. El día que te invite a mi casa no será para planchar ropa.
    -¿Y para qué será entonces?- preguntó con picardía.

    En ese momento me di cuenta del doble sentido que tenía aquella frase que le había dicho y me sonrojé de nuevo.
    Di gracias a que era de noche y había poca luz como para que se diese cuenta.

    -No lo sé, puedes venir a tomar algo, o a leer un libro.
    -¿Es una invitación oficial? Porque te tomo la palabra.
    -Claro, algún día…
    -La semana que viene tengo guardia en el cuartel, así que nos veremos menos pero el jueves creo que estaré por la tarde en el bar, por si te apetece pasarte.
    -Vale, si puedo me paso el jueves.

    Ya habíamos llegado a mi casa y abrí la puerta del coche.

    -Siento haberte hecho salir a estas horas para traerme.
    -Cuando quieras, no me cuesta nada.
    -De todas formas, gracias- dije mientras hacía intención de bajarme.
    -¿No se te olvida algo?

    Le miré extrañada sin saber a qué se refería.

    -Esperaba al menos un beso de buenas noches.
    -Buenas noches Marcos.

    Sonreí y me acerqué a él al mismo tiempo que se inclinaba provocando que ese beso quedase muy cerca de la comisura de sus labios.

    -Buenas noches Lucía- contestó devolviéndome la sonrisa.

    Se quedó allí esperando hasta que entré en el portal, me temblaban las piernas y subí las escaleras hacia casa con cierta dificultad.
    Soñé despierta con ese beso, imaginando que se convertía en algo mucho más íntimo.
    Pensé en todas las cosas que podrían pasar, en las conversaciones que tendríamos, en todas las cosas que me gustaría decirle.
    Marcos me gustaba mucho, cada vez más, y de alguna manera parecía que yo también le gustaba a él, pero desconfiaba de mis instintos.
    ¿Cómo iba a fijarse en mi un chico como Marcos? Tan guapo, tan decidido, tan seguro de sí mismo.
    Podía tener a cualquier chica que quisiera, y yo… bueno, yo no era nada del otro mundo.
    Una chica más bien rellenita y llena de complejos que aún no había encontrado su lugar.
    Sentí que no estaba a la altura de alguien como él por mucho que lo deseara.

    El sábado por la noche había quedado con mis tres mejores amigas, Marta, Susana y Elena.
    Susana era muy parecida a mí, las dos éramos las tímidas del grupo, Elena era nuestro polo opuesto, siempre atrevida y sin complejos y Marta era el término medio, la más equilibrada.
    Yo era la única que vivía sola así que solíamos reunirnos en mi casa, nos gustaba más estar allí que salir de fiesta, aunque también lo hacíamos pero en contadas ocasiones.
    A veces pedíamos algo de cena, o la preparábamos entre las cuatro mientras nos tomábamos una copa de vino o una cerveza y escuchábamos música, veíamos alguna película o simplemente hablábamos durante horas.
    Esa noche les hablé de Marcos, ya le había mencionado en alguna ocasión pero no les había contado con detalle las veces que nos habíamos visto, y las cosas que empezaba a sentir por él.

    -Algunas veces no te entiendo Lucía ¿a ti te gusta? Pues lánzate ¡no pierdes nada! Vamos yo en tu lugar lo tengo claro, no me bajo de ese coche sin besarle al menos. Si funciona, genial, y si no, a otra cosa- dijo Elena.
    -Tu siempre tan directa para todo- contestó Susana.
    -Cada relación es diferente, a veces merece la pena lanzarse desde el primer momento, pero a Lucía este chico le gusta de verdad, y no solo para una noche- dijo Marta mirando a Elena- hay cosas que llevan su tiempo y conociendo a Lucía todas sabemos que no va a llegar el lunes a declararse abiertamente. Luci, tómate tu tiempo, deja que las cosas surjan solas y por favor, confía un poquito más en ti. Estoy segura de que Marcos verá lo mismo que vemos nosotras, eres alguien muy especial, eres cariñosa, buena amiga, generosa ¡y divertida!
    -Y sabes conectar con la gente, para eso tienes un don- añadió Susana.
    -Y además cocinas genial- dijo Elena.
    -Eres la única que aún no se ha dado cuenta de todas las cosas buenas que tienes, céntrate en ellas, deja que Marcos conozca a esa Lucía, y como mínimo habrás ganado un amigo.

    Marta siempre parecía tener las palabras apropiadas para cada ocasión, y de una manera sana, la envidiaba por ello.

    -Sé que aún no conozco bien a Marcos, pero me gusta mucho y hay momentos en los que he pensado que yo también le intereso. Pero tienes razón, siempre pienso en lo peor que puede pasar. Vosotras sabeis que me cuesta mucho abrirme a la gente, ¿y si lo hago y algo sale mal?
    -¿Y si por una vez piensas en lo mejor que podría pasar? No puedes pasarte la vida desaprovechando oportunidades solo por miedo, porque puedes perderte cosas maravillosas.
    -Además, si algo sale mal, siempre tendremos un par de botellas de Lambrusco y a Gloria- dijo Elena.
    -¿Gloria?- preguntamos las tres casi al mismo tiempo.

    Elena buscó una canción en el ordenador que empezó a sonar a todo volumen mientras ella se subió de pie al sofá y cantaba utilizando el botellín de cerveza a modo de micrófono.

    At first, I was afraid, I was petrified.
    Kept thinkin’ I could never live without you by my side.
    But then I spent so many nights thinkin’ how you did me wrong.
    And I grew strong and I learned how to get along.
    Oh no, not I! I will survive!
    Oh, as long as I know how to love, I know I’ll stay alive!
    I’ve got all my life to live, I’ve got all my love to give.
    And I’ll survive! I will survive!

    Dimos por terminada aquella conversación bailando en mitad del salón entre risas y divirtiéndonos, como siempre hacíamos cada vez que estábamos juntas.

    Los siguientes días se me hicieron largos, no vería a Marcos hasta el jueves, y estaba deseando que llegase el día y cuando por fin llegó, mi jefe apareció en escena una vez más, arruinándome todos los planes.
    El almacén central estaba en una ciudad próxima y desde allí se enviaban todos los pedidos para las reposiciones de las tiendas.
    Normalmente venía el camión una vez a la semana, los jueves por la mañana, ese día se había retrasado y no lo esperábamos hasta el viernes, pero media hora antes de cerrar la tienda mi jefe llamó para pedirnos que nos quedásemos un ratito más a esperarle.
    Estela estaba separada y tenía una niña pequeña, no podía quedarse siempre que nos lo pedían porque no tenía con quien dejarla, su madre se la cuidaba hasta la hora de salir pero luego tenía que recogerla, así que le dije que se fuese tranquila y yo esperaría al camión.
    Llegó casi a las ocho y media, salí para ayudar al chico a descargar el pedido, después de eso tendría que colocar todas las cajas en el almacén, y me llevaría un buen rato.
    Desde la calle podía ver la puerta del bar, miré hacía allí lamentándome por no poder acudir esa tarde y vi a Marcos en la puerta, mirando hacia la tienda con un gesto serio que se convirtió en sonrisa al verme salir.
    Alzó la mano saludándome y le respondí de la misma manera.
    Se quedó allí mirando hasta que el camión se fue y entonces le vi cruzar la avenida corriendo hacia la tienda.

    -Ya estaba empezando a pensar que no querías venir hoy- dijo.
    -Lo siento, mi jefe llamó para decir que nos traían un pedido y no he podido avisarte. El camión ha llegado tarde y aún tengo que colocarlo todo en el almacén, todavía me queda casi una hora aquí.
    -Lo entiendo, no te preocupes. Puedo venir más tarde y te acompaño al autobús, así te doy mi numero de teléfono por si alguna vez quieres llamarme, aunque sea para decirme que me dejas plantado por un montón de cajas- dijo bromeando.
    -Está bien, te veo en un rato- contesté.

    Quizás no había sido el encuentro que esperaba tener esa tarde, pero verle en la puerta del bar un tanto preocupado por si yo no aparecía, me hizo sonreir y suspirar aún más por él.
    Una hora después estaba en la puerta de la tienda esperándome de nuevo.
    La parada de autobús estaba a pocos metros, no tuvimos que caminar mucho para llegar.

    -Qué pena que hoy haya sido todo tan rápido. Te he extrañado esta semana, he echado de menos los ratitos del café.
    -Yo tengo que confesarte algo, te he sustituido por tu padre, es muy buen conversador.
    -¿Debería ponerme celoso?
    -En realidad llevo más tiempo hablando con él que contigo, de hecho, creo que me conoce mejor que tú.
    -En eso tienes razón, pero espero que cambie pronto.

    Aún quedaban 10 minutos para el autobús y seguimos hablando un ratito más.

    -¿Qué has hecho este fin de semana?- preguntó.
    -Pues a parte de limpiar como te dije, beber vino y bailar.
    -¿Te gusta bailar?
    -¡Si, mucho! pero donde no me vea nadie. Estaba con mis amigas en casa.
    -¿Me crees si te cuento que yo he ido a clases de salsa?
    -Me estás tomando el pelo.
    -¡En serio! Cuando mi hermana se casó hicimos un baile con los novios, yo no tenía ni idea y como en el gimnasio al que iba daban clases, asistí a algunas con mi hermana. Al principio me lo tomé un poco a broma, pero terminó gustándome. Dejé el gimnasio cuando me fui a Afganistán, pero quiero volver, podrías venirte a alguna de esas clases.
    -¿Yo? -pregunté riendo.
    -Si, ¿por qué no? Sería divertido si vamos juntos.
    -Esto demuestra que aún no me conoces en absoluto.
    -A lo mejor es pronto, pero algún día te convenceré para que vengas a bailar conmigo.
    -Si, quizás en otra vida.

    Imaginé durante unos segundos esa posibilidad y pensé en la cantidad de cosas que me perdía a veces solo por vergüenza.

    -Aún no has apuntado mi teléfono.
    -Dime cual es, te hago una llamada perdida y así guardas el mío tú también.

    Intercambiamos los números y al ver llegar el autobús nos despedimos de nuevo con un beso en la mejilla.
    Se quedó mirando el teléfono mientras yo subía y acto seguido recibí un mensaje.
    Había un emoticono de un muñeco bailando y dos palabras:

    “Algún día”

    Le miré entre los cristales riéndome y negando con la cabeza y él respondió totalmente convencido asintiendo, mientras me dedicaba una de esas sonrisas por las que yo aprendería a bailar salsa, merengue y hasta un tango argentino si fuese necesario.

    Playlist Spotify Marcos y Lucía

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    Respuesta
    Científica empedernida
    Científica empedernida on #160194

    Me encaaaanta! Me siento muy identificada con Lucía y su forma de pensar y el “cortejo” de Marcos me da hasta envidia, jeje

    Respuesta
    Lorena
    Lorena on #160207

    Si es que son perfectos ???? que ganas del próximo cap????

    Respuesta
    K
    K on #160211

    Me encanta!!! Yo también me siento suuuper identificada con Lucía. Qué ganas de otro capiiiiiii ????????????

    Respuesta
    Issa
    Issa on #160216

    Esperando por el siguiente. 🙂

    Respuesta
    Lila
    Lila on #160258

    Oooohhhh Diossss!!! Es super bonito y romántico y todo cocinado a fuego lento como a mi me gusta ainsssssss

    Respuesta
    Alma
    Alma on #160350

    Lo has vuelto a conseguí, nos tienes nuevamente [email protected]!! Deseando seguí leyendo….

    Respuesta
    Moetsi
    Participante
    Moetsi on #160626

    Gracias chicas! Me alegra que os guste 🙂
    El próximo capítulo estará en unos días, como dice Lila, ésta historia se cocina a fuego lento 😉

    Respuesta
    Bolboreta
    Bolboreta on #160843

    De momento este me cae mejor que el vecino!jaja Es que aquel chico nunca acabó de encajarme.

    Me está gustando, felicidades de nuevo! Además que la sombra del viento es mi libro favorito.

    Respuesta
    Azul
    Azul on #161196

    Con ganas de más ????????

    Respuesta
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Respuesta a: Marcos y Lucía: capítulo 2
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