Hace un par de años abrieron al lado de mi trabajo una cafetería. Todos los días, a media mañana y media tarde, iba por mi cafelito para llevar. Debo admitir que desde la primera vez que le vi, supe que no nos seriamos indiferentes. Era un camarero esporádico que iba a echar una manita. Tenia algo, en su mirada, tan fija, en su sonrisa, en su manera de hablarme que me lo movía todo por dentro. Al principio me intimidaba, algunas veces hasta no entraba si estaba él, porque soy muy tímida y lo directo que es me dejaba K.O, pero luego empecé a cogerle el gustillo a sus mamoneos, y me descubría a mi misma pintándome los labios o perfumándome antes de ir a por mi café. Pero un día desapareció….y le eche de menos, ¿a quien no le gusta que le coman un poco la oreja, que le suban la autoestima? ¿ qué haría sin que clavara su pupila en mi pupila, como decía Bécquer? No quise preguntar por no delatarme, y como dice mi abuela no preguntes por saber, lo que el tiempo te dirá, que no hay nada más bonito que saber sin preguntar. Estaba estudiando fuera, pero volvería. (Bieeeeen). Me prometí a mi misma que cuando volviera a verle dejaría mi timidez a un lado y daría rienda suelta a lo que sentía. Se me hicieron eternos los meses, imaginándome qué le diría, imaginando mil historias de pasión.
Un día (ya sabia que debía estar al caer) me dice el dueño del bar: Ya se incorpora X (voy a preservar su anonimato, jajaja). Me quedé con cara de y a mi que me cuentas pero como un unicornio por dentro haciendo wiiiiii. Y esa tarde apareció. Tengo que admitir que no es un chico en el que me hubiera fijado, parecerá una tontería, pero es de estos chicos guapos que parecen taaan creídos que para mi pierden todo. Pero el roce, el tonteo…cuando lo volví a ver parecía un Adonis, creo que el tiempo que lo esperé me hizo verlo de otra manera.
Cumplí mi promesa de sacar mi yo sinvergüenza, y empecé a seguirle el rollo en sus indirectas, que fueron poco a poco subiendo de tono. Los cafés se convirtieron en vinos al salir del trabajo en el bar cerrado. Hablábamos de todo, él siempre correcto detrás de su barra, aunque su boca me lanzaba dardos que hacían que yo quisiera que desapareciera esa barra. Una noche al abrir la reja para irme, me dio un besito. Un piquito. Los labios mas suaves, calientes y dulces que he probado (no tengo mucha experiencia con la puñetera timidez pero bueno…).
A partir de ahí se fue calentando la cosa, nos dimos los teléfonos y empezamos a quedar. Ahora llega cuando mi Adonis la caga, y tela. Una de estas noches de vinos acabamos en el almacén del bar. De repente mi chico sofisticado, el de las indirectas subidas de tono, el de labios perfectos…se convirtió en la intimidad en un pulpo baboso (oooo nooooo). Todo lengua, manos por todos lados, luz apagada ( en que siglo vives chaval, jajaja). Es tan…»impetuoso» que me quedo bloqueada, no se que hacer porque todo lo hace él, no me deja espacio ni tiempo. Aun no hemos llegado a la penetración, pero me da miedo que sea como un conejo, pum pum pum, y le quite todo el encanto.¿qué haces cuando te gusta tanto una persona y llegas a ese punto y no te mola?.