Todos tenemos una lista de las cosas que queremos en una pareja, ¿cierto? Yo sí que la tengo y desde que tengo uso de razón.
¿Y de las que no queremos? También la tengo, y esa esta incluso más clara. Lo que no tenía es un plan de contingencia en el improbable pero aun así posible caso de que mi chico marcara todos y cada uno de los checks de ambas listas. Tiene todo lo que dije que para mí eran “no negociables” y también los imprescindibles absolutos.
Vamos a ver el vaso medio lleno y comenzar con lo positivo: es generoso, detallista, muy cariñoso, me ha dado trato de princesa desde el día uno, es genial con mi familia, mis amigas lo quieren (es el tipo de chicos que rescata a mis amigas borrachas, hace la cena, las aconseja y se hace cargo de la cuenta). Se podrán hacer una idea. Es casi casi perfecto.
Ahora voy con lo no tan bueno, lo que me lía y que en alguna época de mi vida (siendo mucho más joven e ingenua) estaba completamente convencida de que eran “no negociables”.
Es hijo único.
Tiene mamitis.
Mi suegra es viuda.
Si no han pillado ya por dónde va el meollo del asunto, todas esas acciones y actitudes maravillosas que he comentado en un principio, las tiene también con su madre. A ella también le cocina, la trata como reina, le resuelve todos y cada uno de los problemas que se presentan en su vida (reales o imaginarios) y sí, sé que esto no suena como un problema, en principio yo no tenía ningún problema con ella, pero como podrán imaginar, mi aparición en su vida si que resultó de lo más inconveniente para que ella, que de pronto debía compartir a su tesoro.
Vale, la cuestión no es que me haga las típicas cosas de suegra celosa, es que no diviso un horizonte donde su actitud mejore. Como les he mencionado antes, lo único que ella tiene es mi Romeo, francamente se no ser por mí, sería mutuo ya que sin duda la vida de mi chico gira en un cincuenta por ciento alrededor de su madre y el otro cincuenta por ciento alrededor de mí.
Matemáticamente hablando la he despojado de la mitad.
Es complicado, porque no es necesariamente algo malo, pero sí que crea una dinámica extraña y para nada ideal. La mayoría de las veces siento que somos una pareja de tres ya que su madre va a todas partes con nosotros, a menudo forma parte de las decisiones importantes y a veces incluso siento que soy yo la que está de más.
Por otra parte y dejando de lado todo esto, mi Romeo es casi perfecto así que cuando me siento agobiada (cosa que sucede bastante a menudo, y a medida que avanza la relación más y más) decido respirar profundo, contar hasta cien y dejarlo estar…
He sido yo la que ha cambiado la dinámica, así que por ahora y mientras que no se crucen mis limites, he decidido acoplarme. ¿estoy loquilla?
