Antes de nada, dejo claro que yo no soy madre, por lo que quizá (seguramente) no soy capaz de ponerme en el lugar de mi amiga ni de empatizar con ella. Pero es que ya estoy algo quemada con la situación y necesito opiniones. O más bien necesitamos, ya que escribo en nombre del resto del grupo de amigas.
Mi amiga tiene una niña de 8 años. Fue una niña buscada, pero no deseada (admitido por ella misma). Lo típico de tener hijos porque «es lo que toca».
Pues desde que se quedó embarazada, vive quejándose absolutamente por todo en referente a la niña.
Primero el embarazo, que no pongo en duda que tiene que ser algo duro, pero a diario lo pintaba como lo peor de lo peor, que lo odiaba, que estaba deseando parir y «sacarse eso ya».
El parto, bueno… experiencia horrible, la cual no pongo en duda para nada.
Que no sintió nada cuando la cogió (aunque esto he leído que le pasa a muchas mamis y que es normal, no critico nada).
Ya con la bebé en casa os podréis imaginar. Cogió una depresión y no quería ni ver a la niña. Trataba fatal al marido, el cual también lo estaba pasando bastante mal ya que se tenía que encargar él solo de la niña y de la casa ya que ella no se levantaba del sofá.
Entre varias amigas intentábamos apoyarla, el grupo de WhatsApp de la noche a la mañana se convirtió en un pozo de lamentos, donde ella solo escribía para desahogarse y quejarse de su horrible vida, y nosotras tratábamos de animarla. Pero sinceramente, ninguna sabíamos muy bien qué decir, porque se cerraba en banda, no aceptaba consejos de ningún tipo, e incluso nos contestaba de malas formas, aunque no se lo teníamos en cuenta.
Pero lo peor empezó cuando el marido tuvo que reincorporarse al trabajo, y se quedó sola con la niña.
No quiero enrollarme mucho más, pero os lo podéis imaginar. Todo era horrible, la niña llora mucho, la niña esto, la niña lo otro, odio mi vida etc etc.
Jamás, en 8 años que tiene la niña, hemos oído de su boca nada positivo acerca de ella. Lo cual nos parece muy triste, porque encima es una niña adorable, lista y cariñosa.
Cariñosa con su padre, e incluso con nosotras, pero con su madre no tanto, ya que según nos dijo la niña en una ocasión: «a mi mami no le gustan los abrazos ni los besos, nunca me ha dado ninguno».
Sabemos que cada uno es como es, pero nos da pena.
El caso es que con los años, nuestra amiga fue saliendo de esa depresión, y ahora hace vida normal, ha vuelto a su vida de antes y nos alegramos muchísimo por ella. Pero por otra parte estamos, como dije, algo quemadas con la situación, de leer sus quejas constantes, de que hable tan mal de la pobre niña… Antes supongo que callábamos porque intentábamos ponernos en su piel, pero es que ahora supuestamente está bien, viviendo una nueva etapa de su vida en la que dice ser feliz, con un nuevo trabajo, yéndose de viaje cada dos por tres (ella con amigas claro, porque a la niña no la saca de casa). Se gasta medio sueldo al mes en chorradas, que si ropa, maquillaje, salidas, fiesta etc… Pero ay como tenga que gastar algo en su hija… Monta el drama. A nosotras, claro.
Lleva dos semanas de mal humor y quejándose sin parar porque ha tenido que comprarle otro uniforme para el colegio a la niña, libros, ropa… Y que encima este año tiene que ponerle gafas si o si porque la niña ya no ve tres en un burro (lleva dos años posponiéndolo porque «es mucho gasto»). Pero el mismo día que se queja de que ha tenido que comprarle zapatos nuevos, nos cuenta que también se ha sacado un billete para irse a Nueva York una semana.
Ya sabemos que nosotras no somos nadie para opinar de lo que se compra o se deja de comprar, pero estamos un poco bastante cansadas de oírla quejarse todo el rato del gasto que supone tener una hija, pero por otro lado derrocha sin medida en ella misma.
Antes nos callábamos porque estaba mal pero ahora francamente no sabemos qué hacer ni qué decirle ya, las conversaciones se han vuelto super incómodas porque obviamente no la animamos ni le damos la razón y parece que ella espera que sí lo hagamos.
