No sé por dónde empezar a contaros esta historia, ya que trata de un problema que se me presentó hace ya mucho tiempo. Nunca me he atrevido a escribir en este foro porque nunca he sabido como expresar esto con palabras, a lo mejor no lo veis muy grave pero a largo plazo se está convirtiendo en una pesadilla que vivo en bucle. Empiezo:
“Con 16 años mi madre me dijo:
– Te está saliendo barriguita, deberías ponerte a dieta.
Por aquella época, yo era adolescente y si no eres perfecto te excluyen. Por ese entonces mi madre me llevo a un dietista y me puso una dieta peor que la dieta del potito. Por supuesto baje muy rápido de peso en solo 3 meses, mi madre estaba muy feliz. Ella siempre me decía:
– Si te digo de adelgazar es por tu salud.
Tonta de mí me lo creí. Desde aquel momento he vivido obsesionada por complacer a mi madre y con mi peso. Recuerdo una vez en Navidad que mi abuela trajo miguelitos, mazapán, polvorones… Y no me había comido más que dos y ya me disponía a abrir el tercero cuando mi madre, delante de toda mi familia, me dijo:
– Anna. Para de tragar o te reventará el botón del pantalón.
Flipando. Lo peor fue el silencio que se creó después de que dijera eso. Nadie dijo nada. Ni mis abuelos, ni mi tío, ni mi padre. El único que me apoyó fue mi hermano menor, quien me cogía la mano por debajo de la mesa. Al otro lado de la mesa se encontraba mi madre que comía polvorones a diestro y siniestro y de vez en cuando me dedicaba una mirada.
Ahora peso 82kg y mido 1,75cm. Tengo 20 años. A principios de año, parece que mi madre había enterrado el hacha de que guerra. Yo he empezado a valorarme. Sin embargo, la paz duró poco ya que mi madre ha vuelto a la carga con sus dietas “personalizadas”. Me dijo:
– A ver si de aquí a un mes bajas un kilo.
Os podéis imaginar mi cara. A lo que yo respondí:
– Mamá, yo estoy perfectamente con mi 82 kilitos. Ni uno más, ni uno menos.
Después de eso no me respondió. Yo no lo sabía pero esa frase había abierto la caja de Pandora. Llevo aproximadamente cuatro días con su “dieta” y lo estoy pasando realmente mal. Por ejemplo, ayer solo llevaba un vaso de leche, una manzana y un puré en el cuerpo. Hasta que por la noche, fui a cenar a casa de mi novio mientras le contaba todo lo que está pasando. Hoy había arroz blanco y para colmo me lo tengo que medir con una taza, la cual no aparece, así que he cogido una taza del desayuno y mi padre me dice:
– Esa taza es muy grande.
Esa frase ha sido la gota que ha colmado el vaso. Le he respondido:
– Cállate, que encima me tengo medir la comida.
He intentado mantener la compostura unos minutos pero mis lágrimas han sido más rápidas. Desde que estoy con esta “dieta”, he tenido que contener mis lágrimas para no llorar delante de mi familia porque mientras ellos se ceban a boquerones y a patatas, yo solo puede comer una triste crema de calabaza. Me siento muy débil y paso mucha hambre. Es posible que haya perdido peso pero no soy feliz. Siento que esto no es sano. Y cada vez que me encuentro a mi madre por mi casa, me mira con desprecio o cuando me pide algo no me habla como debería. Noto que mi luz se apaga poco a poco.»
No soy la mejor escribiendo pero, son tantas cosas que no sé por dónde empezar ni que contar exactamente. ¿Acaso es malo quererse si estoy un poco rellenita? No sé qué hacer, porque hablar con mi madre es hablar con una pared.
Gracias por leerme, me hacía falta desahogarme. Besos.