Es la primera vez que escribo por aquí, ya que siempre me consideré una persona sensata en cuanto a relaciones sociales se trata (por decirlo de alguna manera). El caso es que en la madrugada del domingo falleció mi suegra, que si bien no era mi madre, para mí era como una madre, así que no lo estoy pasando bien.
Una de mis amigas sabía que el sábado mi suegra estaba terminal y que yo, junto con mi marido, estuvimos con ella hasta el final, que llegó en la madrugada del domingo. Esta amiga, Ana, me preguntó a las 5 de la mañana cómo estaba mi suegra. Le contesté que había fallecido hacía una hora y que nos íbamos ya al velatorio. Ella me respondió que venía de salir con sus compañeros de trabajo, que se iba a acostar y que ánimo.
Al día siguiente, Ana tenía una comida con mi otra amiga Silvia y dos chicas con las que yo no me llevo muy bien, aunque ellas sí. Ana me habló a las 11 de la mañana, recién despertada, para preguntar dónde era el velatorio. Le dije dónde era, hasta qué hora y también la hora de la misa, que era a las 18:30. No volvió a contestarme. A las 13:30 me escribe Silvia dándonos el pésame a mi marido y a mí, porque Ana le había contado lo sucedido.
A las 15:30, Ana me escribe diciendo que no iban a venir ninguna de las dos porque estaban comiendo y no les daba tiempo. No contesté.
A las 21:00, cuando seguían juntas y con unos cubatas encima, me preguntaron si estaba en casa y me dijeron que descansara. Silvia añadió que Ana le había dicho que la misa había sido a las 13:00 y que de ahí nos íbamos a dormir. Yo les contesté que por lo menos ese día no me hablaran. Primero: ¿en qué cabeza cabe que, si una persona fallece a las 4 de la mañana, a las 13:00 ya está todo terminado y nos vamos a dormir? Segundo: dicen que fue un malentendido, pero nunca me llamaron por teléfono. Tercero: yo dejé muy claro el horario del velatorio y de la misa.
La verdad, si solo me hubieran dado el pésame no me habría ofendido, pero darle vueltas para no venir, excusándose e inventándose cosas, me irritó más. Encima me quedé con la sensación de que no les importa nada. Tenemos casi 50 años y, para ellas, parece más importante una comida o una salida que estar presente, aunque solo fuera media hora.
Para mí es una tristeza añadida, porque te das cuenta de que en los malos momentos te acompaña gente que a lo mejor no considerabas tan amiga… y ellas, que sí lo eran, no estuvieron.
¿Creéis que exagero? ¿O quizá, por los malos momentos que estoy pasando, estoy siendo demasiado dura?
