Pues como dice el título, chicas.
Mi novio de media vida me pidió ayer matrimonio, la propuesta muy bien pero os juro que el anillo no me gusta nada, es el único problema.
Le dije qué piedra quería porque para mí eso era importante, no es una gran piedra porque yo quería algo sencillo, más de diario incluso, que pase desapercibido pero diga algo, y nunca he visto anillos con esa piedra que sean demasiado grandes ni voluminosos ni recargados. Pero precisamente así es el que me ha dado. Imagino que otros los vería poca cosa, pero eso es lo que yo quería.
Se lo dije al rato de dármelo, porque me veía con cara de circunstancia (soy pésima ocultando expresiones, no fue a propósito) y le confesé que no era en absoluto mi estilo, le insinué cambiarlo y elegir uno más acorde a mí, pero por lo visto el anillo tiene su complicación y no es posible devolverlo, no sé si además lo haría personalizado, lo que me deja peor porque os aseguro que es un «todo mal».

Me siento fatal por odiar el anillo, nuestro compromiso sigue intacto pero que se haya gastado un dineral en un anillo que no quiero ponerme, que además me queda grande, y que no me pega lo más mínimo me hace sentir fatal, tanto por sentirme yo mala persona por estar en esta situación como porque no me conozca lo suficiente para haber acertado en al menos algo del dichoso anillo.
No sé si hacerle cambios, porque no termina de parecerme bien modificar lo que él ha elegido, ni me fio de que vayan a estropearlo más o puedan dañar la piedra, pero también es mi anillo y además me queda grande.
Qué haríais vosotras? Necesito opiniones ajenas.
Por los comentarios que vengan:
-Sí, lo he hablado con él.
-No, no se puede cambiar.
-No sé si modificarlo, tengo un dilema con eso.