Holaaaaa reinas!
Lo primero os voy a proponer abrir una pestaña del foro de ‘tierra trágame’ porque yo os podría ofrecer contenido constaaaaantemente. Y aquí va uno de ellos…
El otro día me llama mi follacolega. Un chico muy mono él con el que me llevo acostando casi un mes pero ya nos conocíamos de antes porque trabajamos juntos un par de veces. No es nada serio más que nada es todo muy físico y pasional. De esas relaciones en las que intentas quedar para un café de tranquis pero que antes de que te lo sirvan ya estás que echas fuego por el chirri. You know…
Mi amiguito me llama y me dice que tiene lista y preparada la piscina de su casa de campo que está como a 20 minutos de la ciudad y que me invita a pasar allí la tarde. Yo sin planes y con muchas ganas de mambo me pongo a preparar la bolsa. ¿Qué se lleva a una sesión de follisqueo en la piscina? Pues un micro bikini con estampado de leopardo que pensaba que jamás nunca never me iba a volver a poner, mucho lubricante, preservativos a full, algún que otro juguetito por si nos lo queremos montar en una tumbona, cremita, gafas de sol, toalla… Cuando me veo lista y preparada me visto.
Es que no me pude poner más leona colegas. Parte de arriba del bikini leopardo, un short negro y encima un kimono negro lujurioso del todo. Me maquillé así como quien no llevo nada pero voy a tope y me desmelené. Un pivonaco que ya estaba yo pensando que en cuanto entrara por la casa me iba a empotrar contra un seto o algo.

Me pasó la dirección y me dijo que si de paso podía pasarme a comprar tres packs de cocacola cero cero. Me fui al chino de debajo de casa y emprendí mi camino a la fiesta del folleteo-piscineo-que te veo.
Vale y ahora empieza lo bueno. Llego a la casa en medio del campo más de campo no podía ser y me bajo yo con mi bolsaca llena de movidas guarri-cochinis. Los packs de cocacola me los dejo porque no veo apropiado ni nada sexy entrar por la puerta como si fuera el repartidor del súper. El caso es que yo en lo que era el jardín detrás del muro escuchaba mucho alboroto pero pensé que igual era de otra casa más allá.
Al poco rato aparece allí mi folla-colega y yo lo miro con cara de ‘¿quéeee? ¿me quieres follar, eh?’ y él con el jeto descolocado del todo mirándome de arriba abajo. Pensé que había triunfado lo más grande según su expresión, pero no colegas, ¡qué va!
Me da la bienvenida y me pregunta por las cocacolas. Coooooño las putas cocacolas. Abro el coche y se las doy. Me dice que pase y que vaya por detrás de la casa que está allí la piscina que él va a dejar las bebidas en la cocina y vuelve en un momento.
Allí que me voy y con la mosca ya zumbándome muy mucho porque esa jarana de gente cada vez es más chillona y ay madrecita dónde me he metido. Giro la esquina y alrededor de una tremenda piscina maravillosa… ¡una cantidad de gente!
Todo el mundo se me quedó mirando no sé si porque no tenían ni idea de quién era yo o porque realmente iba vestida para arrasar. Se me acerca una mujer y se me presenta como la madre de mi colega, después se le unen una jauría de críos de muy diversas edades y me preguntan si soy la novia del tío. En una tumbona, quizás en esa en la que yo me imaginé echando el polvo del verano, una ancianita adorable que después descubrí que era la abuela de mi amigo el follador.
Fue una tarde de lo más familiar, en la que yo no podía estar más descolocada. Todos la mar de divertidos y encantadores, pero aquello fue una encerrona en toda regla.
Creo que no voy a volver a quedar con ese hombre, por muy bien que follara, por muy bien que me cayera. Porque una es una mujer de principios y a mí se me avisa por si voy en modo formal o en modo folladora máxima. ¡Eso no se hace! ¡Así, no!