Aquí me hallo llorando en el salón, sentada en el sillón a escondidas de mi hija de 5 años, mientras ella juega en su habitación y mi bebé de 4 meses está dormido en su cuna.
Y no sé qué me ocurre, no sé por qué estoy tan triste últimamente. ¿Será hormonal?, pienso a veces… ¿Será que me ha venido grande todo esto de ser madre de dos niños? ¿Será porque me siento como si yo no le importara a nadie? Ciertamente, creo que es ahí el kit de la cuestión.
Sin quitar el protagonismo de mis hijos, ya nadie (ni siquiera mi madre) le interesa como me encuentro yo. Eso sí, por mi marido sí que me preguntan, por cómo fue su regreso al trabajo tras la paternidad y demás. Pero yo soy invisible.
En otras ocasiones, pasa justo al revés, me atribuyen capacidades como «eres una super mamá» tú lo llevas siempre genial.
¡Por favor, eso no ayuda! Ni una cosa ni otra. Yo también existo, y no todo es tan bonito. Ni puedo siempre con todo. También me canso, pierdo la paciencia, me siento culpable por no atender a mi hija de 5 años como me gustaría, porque estoy con el bebé… Me siento mal conmigo misma porque mi cuerpo cambió, y me siento mal porque me exigen que vuelva a mi peso, (segun mi madre que tengo que dejar de comer dulces) cuando yo no compro dulces… Y todo termina haciéndose una bola difícil de tragar. Ahí entran las opiniones de todo el mundo, los comentarios irientes…
Algo está claro, y es que no estoy bien anímicamente.
Sólo quiero decir que si hay alguna mamá que se sienta así, decirle que no está sola, ni es la única.