Reproducimos un testimonio que nos llega a [email protected]
No sé cómo decir esto sin parecer una persona horrible porque sé que la depresión es una enfermedad seria, compleja y que no se elige. Y sin embargo estoy en un punto en el que no sé cómo gestionar el impacto que tiene sobre nosotras cada vez que quedamos.
En mi grupo de amigas hay una chica que lleva varios años luchando con una depresión bastante profunda. Ella lo cuenta abiertamente, lo ha compartido con nosotras, ha estado en terapia, ha pasado por medicación… y todas la hemos acompañado como hemos podido lo hemos hecho con cariño y con respeto porque de verdad la queremos.
Pero últimamente cada vez que queda con nosotras, el ambiente se viene abajo. Llega y trae encima una nube negra que lo cubre todo. No importa el tema del que estemos hablando, todo se convierte en algo negativo. Si una cuenta algo bueno ella no puede alegrarse. Si alguien se queja de algo pequeño ella responde con algo mucho más grave, como si no hubiera espacio para nada que no sea SU drama. Y yo entiendo que eso también es parte de su proceso que su realidad es esa y que no puede fingir. Pero pffff
Y es horrible pensar esto pero cada vez que confirma que viene me agobio. Me planteo si quiero ir. Y sé que no soy la única del grupo que lo siente. Lo hemos hablado con culpa, con ese “no quiero ser mala persona, pero…”
No queremos excluirla pero tampoco sabemos cómo seguir incluyendo sin que nos pase factura. Y lo más triste es que nadie se atreve a decirlo en alto. Porque en esta sociedad donde la salud mental por fin se visibiliza, también hay miedo a señalar lo que no sabemos gestionar. Y esto no sé cómo se hace.
