Que quede claro: mojigata, lo que se dice mojigata, creo que no soy. Pero de ahí a liarse con tres tíos al mismo tiempo, me parece que median al menos un par de centímetros. Pues ese par de centímetros fueron los que recorrió Mari Pili. Era mi amiga desde hacía poco más de un año; yo estaba en una fase muy “viva la virgen” después de dedicar demasiado tiempo a alguien que no lo merecía y ella fue una de las compis de trabajo que me convenció de que lo mejor para mí era “salir a por carne” de vez en cuando. Dejando aparte la idoneidad del plan, ella vivía en esa cacería constante y, con veintitrés añitos, tampoco vamos a juzgar a nadie.

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El caso es que un viernes, después del curro, me dijo de salir a un garito donde nos iban a invitar a copas porque conocía al de la puerta. Llegamos, saludamos al portero y… bueno, digamos que para Pilar, la palabra “conocer” iba más por el sentido bíblico. Vamos, que le metió lengua al puerta —a quien llamaremos Maromo 1— con todo su salero y este correspondió. Llevaban cosa de dos semanas saliendo, me dijo. “Ah, guay, ¿entonces lo has dejado con Maromo 2?”, pregunté y se echó a reír.

“¡Qué va! Maromo 2 es mi ligue del barrio, Maromo 1 es mi ligue de salir de fiesta”, me contestó. ¿Quién soy yo para hablar si me estoy empujando el bourbon con Coca-Cola por la patilla gracias a Pilar? NADIE. Así que seguí bebiendo y bailoteando. Y en esto, que la veo la mar de cariñosona con un chico de la pista. Cosa curiosa: se arriesga ella y se me atraganta la bebida a mí. Me acerco y diciendo “caaambio de pareja”, la abrazo y me la llevo.

“¿No es un poco suicida liarte con uno teniendo a otro en la puerta?”. Pilar me besa la mejilla y me dice que no me preocupe, porque Maromo 1, como es portero, no se va a mover de la puerta. En fin, no veo fallos en su lógica, que diría el Dr. Spock. Se vuelve con el que llamaremos Maromo 3, y me arrastra a mí porque dice que tiene unos amigos muy guays. Me quedo con uno que dice que le da mucho morbo mi camiseta de Piolín pirata (eran los 2000, TODO llevaba estampado de Piolín). Sí, así se ligaba, queridos nietecitos.

En esto que llega Pilar y es ella la que me pide ir corriendo al baño. La veo preocupada; no la han pillado sin, la han pillado con. Con todo el equipo. Me cuenta que estaba ya dándose el lote con Maromo 3 cuando ve entrar a Maromo 1, el de la puerta. Da esquinazo al ligue e intenta llegar a Maromo 1 pero, ¡oh, fatalidad!, que de camino se encuentra nada menos que a Maromo 2 que, saliendo con amigos, ha dado en el mismo garito que nosotras. Le da esquinazo también y corre a por mí a pedir árnica. Si alguno de los tres le metía lengua para saludarla, se iba a montar un petardo como Dios es padre.

“¡¿Qué hago, tía, qué hago?!”. Yo, con un bourbon en el cuerpo, vi las ventanas y dije: “Ya está. Si te aúpo, ¿te atreves a salir por la ventana? Cae a ras de suelo”. Me miró como si viera un ángel. Hice escalón con las manos, se trepó a mis hombros, abrió la ventana y salió a rastras. “¡Vente al coche en cuanto puedas!”, me dijo.

Saliendo hacia la puerta, Maromo 1 me preguntó por Pilar. “Ah… ahora que lo dices, llevo un rato sin verla. No se encontraba del todo bien, ¡lo mismo se ha ido!”, contesté. Realmente no era una mentira tan gorda. Encontrarse, nadie se encuentra del todo bien cuando coinciden sus tres ligues en el mismo sitio, e irse, se había ido. Lo mismo que hice yo a toda velocidad.