Se habla mucho sobre el cambio generacional en la descendencia. Las mascotas son los nuevos hijos, las plantas las nuevas mascotas y la decoración para una pared blanca las nuevas plantas. Es un meme, pero también el reflejo de nuevos estándares en patrimonio y responsabilidades. 

El comentario humorístico refleja una realidad precarizada. En 2008, el Índice Coyuntural de Fecundidad (promedio de hijos a lo largo de una vida fértil manteniendo la tasa de natalidad) era de 1,44, mientras que en el último año este índice se sitúa por debajo del 1,12. No es de extrañar. Todo es cada vez más caro y el futuro incierto no invita a montarnos otro baby boom. La compañía de un animal resulta bastante más asequible que tener hijos, con todo lo que ello conlleva.

Es en este marco, resulta tentador pensar en las mascotas como los nuevos hijos. Muchas parejas jóvenes deciden tener un perro o gato como “ensayo” antes de decidir tener hijos. El año pasado se adoptaron unos 292.000 perros y gatos en nuestro país y nacieron alrededor de 322.000 personas en España. Ambas cifras se sitúan muy cerca, dando la impresión de que muchos hogares se han decantado por una mascota antes que por un bebé.

Traer una vida al mundo conlleva darle una atención y cuidados durante tanto tiempo que con el clima actual de inestabilidad mucha gente no puede permitir. Aunque una mascota tampoco sea fácil ni barata, adoptar da una mejor vida a un animal que también puede sentir ese “amor incondicional” hacia ti.

No hay nada de malo en adaptarse a una situación así adoptando a un animal de compañía, el problema está cuando nos olvidamos de que las mascotas son animales. Por mucha ropa divertida, selfies juntos o regalitos que le hagas, siguen siendo animales. Que ocupen parte del lugar que supondría tener hijos no los hace personas. Darle cariño y cuidados a tu mascota es maravilloso, pero no caigamos en humanizar animales.

Siempre he sido un amante de los animales. Todos los perros y gatos con los que he socializado algo me han caído genial. Entiendo el cariño, la compañía y la ternura que aportan. También reconozco que por muy educados, graciosos y adorables que sean, siguen siendo animales de compañía.

Cada vez que he sacado de paseo a los perros, soy testigo de lo poco higiénicos que son. Queriendo o sin querer, parte de la meada de uno siempre acaba encima del otro. Olisquear y lamer culos y genitales es deporte olímpico. Investigar manchas misteriosas y residuos varios, placer prohibido. 

Como animales está genial que hagan esto. Está en su naturaleza, exploran y se divierten. Son bestias domesticadas que habitan en un mundo humano, y que den rienda suelta a sus instintos es hasta deseable.

 

Sin embargo, sabiendo lo que sé sobre los perros, nunca compartiré parte de su humanización e infantilización. Antes de acurrucarse adorablemente en tu almohada, han recorrido con sus patitas descalzas los rincones más sucios que han encontrado. Para cuando besas su carita y la restriegas con su pelaje, los actos antihigiénicos que han realizado son incontables. Me gusta acariciar y mimar a un animal como al que más, pero también intento no ganarme una conjuntivitis tontamente. 

Lo bonitos y nobles que son no hace que dejen de ser vectores de transmisión de enfermedades. No creo que las mascotas sean nuevos hijos ni peluches antihigiénicos, creo que son animales domésticos y conviene tratarlos como tales. 

¿Qué opinas al respecto? ¿Alguna vez te has planteado esto con tus mascotas o las de algún ser querido? ¡Te leemos en los comentarios!

 

Por Tío Vivo