¿Cuántas del club de las traumadas por su amor del Instituto? 

Conocí a Javier cuando yo estaba en 3º de la ESO, en mi familia aún lo llaman «mi año sabático» porque me la rasqué cuanto quise y más. Javi me llevaba dos años, había repetido 4º y tenía toda la pinta de que iba a volver a repetir. Si yo me la rascaba, él más. 

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No se en qué momento se le dio por escribirme al Tuenti y pedirme que le hiciese un favor. Quería darle celos a una chica que le gustaba y me pidió que fingiese ser su novia, mientras podría ayudarme en matemáticas, que era lo que mejor se le daba y yo no podía ni verlas. No se por qué, pero accedí. Javi planeó todo, creó un escenario donde decía que yo era su pareja aunque con el mínimo contacto físico. El tiempo fue pasando y la mentira no finalizaba.

Empezó a ayudarme con las matemáticas como me había prometido y él volvió a repetir curso, como yo ya pensaba. 

Este nuevo curso coincidimos en clase, seguíamos siendo «pareja» y durante todo el verano habíamos estado ayudándonos entre asignaturas de números y de letras el uno al otro. No se en qué momento me empezó a gustar, porque era el mismísimo Gollum (pero más alto). Javi fue mi primer novio serio, mi primera experiencia sexual, durante años estuvimos juntos cada día. Además vivíamos muy cerca por lo que en cuanto alguno sabía que se iba a quedar unas horas solo, íbamos corriendo a casa del otro a dar rienda suelta a nuestras hormonas adolescentes. 

Finalizamos selectividad, yo aprobé y fui admitida en la Universidad que quería, a 150km de casa, por lo que tendría que mudarme. Javier repitió 2º de bachillerato. Yo tenía 18 y el ya 20, los estudios no eran lo suyo. Antes de mudarme a mi nueva ciudad, Javier me pidió que «por nosotros» no lo hiciese. Podría haber muchas cosas negociables en nuestra relación, pero los estudios no era uno de ellos, y más con lo que había luchado para poder llegar a donde estaba. 

 

Se pasó varias semanas en las que se escapaba del pueblo y venía a verme. Al principio me parecía algo muy bonito y romántico, pero empezaba a preocuparme. Javi había llegado a un punto de obsesión en el que se metía en mis seguidores de redes sociales y les escribía uno a uno que por qué me seguían, de qué me conocían. Intenté dejarlo, solo Dios sabe lo que lo intenté, pero seguía apareciendo. Le comenté a mi madre la situación y que quería denunciarlo, pero me dijo que no lo hiciese, ya que éramos vecinos y podría traerme más problemas. Pasaba el tiempo, llegaba la Navidad y tendría que volver a casa, no sabía que hacer para dejarlo. 

Una noche mi amiga Marta me invitó a ver una película a su casa. Allí estaba Samuel, su hermano. Estuvimos toda la noche hablando y se ofreció a acompañarme a casa. Se me cruzaron los cables y esa misma noche la terminamos juntos. Me abrazó toda la noche, me besó al despertar, desayunamos, volvimos a dar rienda suelta a nuestras pasión y se ofreció a bajarme al pueblo el fin de semana. Ahí lo tuve clarísimo. En cuanto Samuel se fue, escribí a Javier que me había acostado con otro tío. Su mensaje «ahora sí que la has cagado conmigo, nunca volveré a estar contigo, traidora». 

Esas Navidades fui con temor a casa pero no hubo noticias de él. Tampoco nadie me avisó de que había recibido algún mensaje suyo por redes sociales. Podía estar ya tranquila. Samuel y yo seguimos quedando durante un tiempo, pero nunca llegó a más. En cuánto sentí la libertad que era no tener pareja y vivir fuera de casa, no quise una nueva pareja seria hasta que disfrutase todo lo que me había perdido. 

 

Anónimo

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