Amor & Polvos

Follodrama: una bolsa del Lidl y un vikingo muy particular parte II

Hola, soy Troy McClure. Tal vez me recuerden de follodramas como «una bolsa del Lidl y un vikingo muy particular«

Pues hoy os traigo la segunda parte, porque sí amigas, desgraciadamente para mí, hay segunda parte.

Parece ser que después de contar por aquí mi loca noche con el vikingo cagón durante mi erasmus en Finlandia, os tuvisteis que reír de lo bueno, porque el karma me ha castigado por mala pécora. Si es que ya lo decía mi abuela, no te rías de la desgracia ajena… que todo vuelve.

Después de  que se acabara mi Erasmus tocaba volver a casa, blanca, con depresión y más tiesa que la mojama, así que decidí poner un anuncio de clases particulares de inglés para ver si me podía sacar unas pelillas y aguantar el verano.

Empecé a darle clases a un par de niños de primaria (todo el que ha sido profesor particular sabe que esos son los mejores, porque no tienes que comerte mucho el coco, el temario es fácil y te hacen caso en todo) y había uno con el que disfrutaba especialmente,  porque tenía un hermano que cuando salía del cuarto  ay papá

Pues eso, que ahí iba yo dos veces en semana a la casa del crío, más pendiente en ver al macizorro del hermano que otra cosa porque se notaba que había ahí tensión sexual no resulta. Cada vez que me lo cruzaba me decía hola con esa media sonrisa llena de hoyuelos y claro, yo ya era feliz para el resto de la tarde y mitad del día siguiente.

Pero claro, con todo lo que nos reímos mis amigas y yo  del vikingo pues la vida me lo tenía que devolver. Y qué manera mejor que con mierda, porque yo de verdad que no entiendo qué me pasa a mi con los truños, es como si me persiguieran.

Es que me imagino mi vida como si fuera yo Indiana Jones corriendo detrás de la bola de piedra, pero en vez de una roca, pues un zurullo. 

Total, que acababa yo de terminar de dar clases con el hermano pequeño de mi futuro marido cuando bajé al salón para esperar a que la madre me pagara. Empezó a darme un retortijón de barriga que mira, yo no sé, tendría que haberme dado cuenta de que de ahí no iba a salir nada bueno.

Crucé las piernas y apreté el culo todo lo que pude pero ¿habéis pisado alguna vez un sobre de ketchup? Pues ya os  podéis imaginar.

Aquello fue como si el cielo se partiera en dos, como si hubiera caído un relámpago justo en medio del salón, como si se acercara una tropa de orcos con trompetas y tambores directamente desde Mordor.

Yo no sabía dónde meterme, entre el tufillo que inundó la casa, mi barriga que era un grifo de colacao con grumitos abierto y los sudores fríos que tenía por el cuerpo…que si me hubiera caído un rayo de verdad, me hubiera hecho un favor.

Salí de la casa como pude, muy al estilo de chiquito de la calzada porque es que tenía mierda hasta en los calcetines (lo siento por las escatológicas pero es la verdad) y llamé a mi madre para que me recogiera en coche. Mi madre, que por cierto, me hizo volver a casa en coche con el culo fuera de la ventana porque no soportaba el olor. Estuve tres días muy muy malita haciéndome caca viva, así que Vikingo, siento haberme reído de ti.

caca vikingo

 

Anónimo

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