Cuando tenía unos 20 años, paseando por la catedral de mi ciudad, una mujer que vendía rosas quiso leerme la mano. Yo le dije que no y me insistió y hasta me llegó a coger de la muñeca. Suelo ser muy educada pero la verdad es que en ese momento, me agredió mucho el hecho de que no le bastase mi negativa e insistiera, por lo que le quité la mano con mucha rabia y le dije, “le he dicho que no”.
Cuando me alejaba, la buena señora me lanzó lo que creí que era una maldición, me gritó literalmente: “te rechacen por siempre, te desprecien por siempre jamás”.
Quitando el mal sabor de boca de este encontronazo, la verdad es que no le di mayor importancia y todo eso a mí se me olvidó durante mucho tiempo.
A los meses conocí a un chico que me gustaba y al que en principio yo le gustaba. Empezamos a salir y todo iba bien hasta que dejó de contestarme de pronto, sin motivo aparente. Tuve casi que hacerle una encerrona para que accediese a hablar conmigo y explicarme qué coño había pasado, y me dijo algo así como que de pronto había dejado de interesarle. Bien, aceptamos barco.
Al tiempo me pasó algo parecido con otro, esta vez directamente empezó a salir con otra chica sin cortar expresamente conmigo. Pensé que bueno, que todo era normal dentro del mundo amoroso, que estas cosas pasaban y que había mucha gente con muy poca responsabilidad afectiva disfrazada de normal.
Los siguientes años se sucedieron historias cortadas por el mismo patrón una tras otra. Este tema me preocupaba mucho, la verdad, hacía que le diera muchas vueltas a la cabeza y sobre todo que no me fiara de nadie.
Un día, de pronto, no sé por qué, me asaltó el recuerdo de la mujer de la maldición y recordé sus palabras. Se me erizó la piel al pensar que efectivamente éstas pudieran tener efecto. Nunca había creído mucho en esas cosas, pero en este caso era un hecho contrastado que después de esa maldición, todos los chicos que había conocido con intenciones amorosas, bien me habían rechazado o bien me habían despreciado.
Intenté no prestarle más importancia, pero sin quererlo, resultó ser algo que desde entonces tuve muy presente. Si conocía a alguien, de alguna manera ya me preparaba para la catástrofe, y no sé si es que yo ya, sugestionada, lo provocaba, pero el hecho es que encadenaba historias parecidas una vez tras otra. Estaba obsesionada con este gafe y me di cuenta de que me influía en mi manera de relacionarme con los chicos, marcaba mi relación con ellos.
Un día lo comenté con una amiga y me dijo que fuésemos a una mujer que ella conocía que echaba las cartas y hacía rituales y demás. Esta mujer tenía una tienda esotérica y allí que me presenté, aunque un poco incrédula.
La “bruja” me dijo que efectivamente tenía una maldición encima y que me iba a hacer una limpieza, y me vendió de camino varias velas y varias historias que yo no sé si venían al caso, pero yo ya en este punto, estaba entregada a la causa.
No sé si realmente tuve la maldición, si la bruja me la quitó, si fueron todo ilusiones y sugestiones mías o qué fue lo que pasó, pero es cierto que desde ese momento, se rompió por fin esa racha de mala suerte amorosa y de hecho tuve varias relaciones “normales”, tanto que este año me caso con mi pareja actual y me encuentro muy feliz y enamorada.
Anónimo
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