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Lifestyle

Viajar a los 20 VS Viajar a los 30

 

Súper fotos en París, boomerang comiendo pasta en Roma y vídeos en las playas de Formentera. Somos unas travel lovers pero ¿recuerdas las primeras escapadas que hiciste con tus amigas? Veamos qué camino han llevado tus viajes desde los tuentis hasta la treintena. ¡Vamos de paseo!

Esto de los viajes, por lo general, comienza con presupuestos muy, muy, pero que muy limitaditos. Podemos empezar por ir al pueblo o a la casa de veraneo de uno de tus amigos (aquí entra en juego la confianza que tienen los padres del interesado), ir de camping o ir a una casa rural. El kit de la cuestión y el objetivo es pasar un fin de semana juntos (bebiendo y bebiendo) gastando el menor dinero posible. Es decir, cerquita y baratito. Y con suerte, alguno ya tiene coche o puede agenciarse el coche de algún familiar para moveros. Si no es así, tendrás que hacer el trayecto con la combinación de tres autobuses, tractor y burro para llegar al destino. Y claro, todo esto con la maleta llena de botellas y latas de cerveza. Eso que no falte. Madre mía si esas fotos se publicasen…

A medida que la gente empieza a tener cash -los años pasan y algunos se estrenan en el mundo laboral – los destinos se alejan un poquito más: ciudades de vacaciones de playa-so-fiesta como Benidorm. Aquí te encuentras los peores apartamentos posibles de los años 70 y mucha oferta, lo que se traduce en “perfecto para jóvenes” (porque parece que como estamos en la flor de la vida podemos dormir en cualquier sitio). Y aquí te vienes arriba y pasas una semana entera. Comprando todo en el súper y sobreviviendo a base de pasta con tomate y pizzas precocinadas mezclado con noches de discotequeo. Seguro que tú también lo has hecho amigui. 

Después ya llegan los destinos internacionales. Porque Londres mola un montonazo y hay un vuelo súper barato con una combinación que da miedo pero ¿y lo que mola ir de viaje por Europa? Nos vamos. Da igual que sea con una escala de 10 horas o que tengamos que llegar a las 3 de la mañana al aeropuerto más lejano del centro. Buscáis un hostel con una habitación de 30 personas, no muy a mano pero baratito y con una boca de metro cerca. Y aquí empieza a haber turismo. Y fotos, millones de fotos. Pero lo que no sale en Instagram es que te has llevado unos sobres de embutido desde casa o que has comido una ensaladilla sentada en el parking de un supermercado. Pero bueno, aquí hay algo de restaurantes de comida rápida o algún puesto de comida callejera. Miramos el money pero comenzamos a dar un pequeño margen. 

Y, pum!, ya te has hecho adicta a los viajes. La mayoría de tus amigos ya tiene su sueldo (que puede ser más o menos decente) y las escapadas suelen ser un poco más top. Aunque también se reduce más el número de acompañantes. Ay, my friend! nos hacemos mayores y cuesta muchísimo encajar vacaciones y días libres con la cuadrilla. 

Se nos ponen los dientes largos con las redes sociales y claro, queremos ir a Croacia, Atenas o Marrakech. Antes de ir organizamos cuáles son las visitas imprescindibles, contratamos alguna excursión y miramos un hotelito apañado. Una vez allí buscamos en internet cuáles son los platos típicos y qué restaurantes tienen una terraza con vistas y tienen buenos comentarios. Y dices: “bueno, el sábado entonces nos damos un homenaje ¿no?”. 

Y lo bueno de este punto es que puedes vivir cualquiera de los anteriores. Porque dame una casa rural con amigos y cerveza y me convierto en una niña con zapatos nuevos. O llévame una semanita de camping para estar todo el día en bikini y en la piscina. La maravilla es salir, ver y vivir experiencias… ¡pasarlo en grande!

Dicho esto… ¿a dónde nos vamos entonces?

La chica de la falda azul

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