Hace unos 8 meses que escribí a Weloversize para contar mi historia y, de paso, leer algunos de vuestros comentarios para tener una perspectiva externa y neutral. Yo acababa de salir de una relación de pareja larga con una persona algo complicada, pero a la que amaba muchísimo.
Os hago un resumen rápido: su estado emocional solía ir de la euforia al abatimiento en cuestión de días, incluso horas. Era un vaivén continuo que impedía que avanzara en sus metas personales y profesionales, lo que la frustraba y alimentaba el bucle. Nunca buscó ayuda profesional, y yo la ayudé tanto como pude. Pero, cuando tuve que pasar unos meses centrada en mis propios objetivos laborales y asuntos familiares bastante complicados, ella comenzó a salir mucho con otra gente y a andar por ahí hasta las tantas de la mañana.
Apenas la veía. Cuando quedábamos, llegaba tarde. No me demostraba cariño, casi ni interés. Y, un día, me dijo que ya no sentía lo mismo y me dejó. En los meses posteriores de desamor crónico fue cuando escribí a WLS. Me preguntaba si algunas de las cosas que ella hacía por entonces eran señales de que quería volver.
Llegué a plantearme que me hubiera echado de su vida por no saber pedir ayuda, como esas personas que dicen “Me alejo de ti porque no te convengo”, sin dejar decidir a la otra parte. Pero, por otra parte, me había dejado. Y, si me había dejado, es porque no quería estar conmigo.

Gracias
He de decir que las personas que contestasteis en el foro me dijisteis lo mismo que me decía mi entorno. Básicamente se resume a: si te ha dejado, no quiere estar contigo, no pierdas el tiempo haciéndote ilusiones que no te hacen bien y céntrate en ti y en tu vida. Algo que, visto con retrospectiva, está más claro que el agua. Mi mente práctica lo veía meridiano, pero mi parte enamorada se empeñaba en mostrarme otra cosa.
Agradezco a las personas que os tomasteis la molestia de escribir, de verdad. Contribuisteis a ese último empujoncito para convencerme. Ya digo que me dijisteis lo mismo que mis amigas, pero yo creía que ellas estaban algo contaminadas por algunos prejuicios hacia mi expareja.
Final inesperado muy esperado
Lo que voy a decir puede parecer frívolo, pero, en plena ruptura, lo peor que te puede pasar es el invierno: el frío, la casa vacía, la falta de planes… La eché de menos, pero me mantuve firme y no le escribí.
Para entonces, mis amigas ya estaban convencidas de que ella salía con otra persona, y que, muy probablemente, algo había surgido entre las dos cuando aún estaba conmigo. Yo lo negaba, me parecía imposible. La otra chica era una de sus mejores amigas, alguien a quien yo conocía bien, y pasaban mucho tiempo juntas. Para mí, simplemente, tenían una relación muy estrecha, casi fraternal. Así que fui la única que se llevó una sorpresa mayúscula cuando, un buen día, recibí un WhatsApp de mi ex:
“Hola, guapa, espero que estés bien. Oye, antes de que te enteres por terceras personas, quería decirte que X y yo hemos empezado una relación de pareja”.
Ni siquiera tuvo el valor de venir a hablar conmigo y decírmelo a la cara. Yo ni le contesté al mensaje y, unos días después, ella me envió una felicitación de cumpleaños como si nada. Tampoco le contesté.

Me sentí estúpida. Parecía que era la única que no lo había visto, puede que cegada por la imagen idealizada que tenía de ella. Me había estado comiendo la cabeza con la idea de que ella estaba en una crisis emocional, había tomado una decisión drástica y necesitaba ayuda, y yo tenía que intentar quedarme a su lado. Sobrepensando demasiado las cosas, sí. Y resultó que es que la tía me había dejado por otra en un momento en el que, además, era yo quien necesitaba apoyo.
No perdí ni un minuto más con aquellas dos pécoras. Seguí los consejos de Aunia (y resto de usuarias del foro) y me centré en valorar todas las posibilidades que se abrían ante mí. Lo primero es que ya no tendría que cargar con el lastre de una persona tan inestable e inmadura como ella. Sé que suena muy feo, pero es así. Siempre estuve ahí para ella, apoyándola en todo y sujetándola en sus días más grises. Las personas con tanto mundo interior te enriquecen muchísimo y yo tengo un imán para ellas, pero también te someten a mucho desgaste emocional. Si te echan de su lado sin que tú te vayas, es mejor salir por patas sin mirar atrás.
Me liberé y me concedí tiempo y espacio para ampliar mis círculos, hacer nuevos planes y plantearme retos nuevos. He pasado uno de los veranos más increíbles de mi vida, en el que no he parado un segundo y he compartido tiempo con personas muy diferentes de todas las edades. Me encuentro bien, feliz y abierta a nuevas experiencias enriquecedoras.
Aprendí una lección valiosa: no soy la cuidadora de nadie ni tengo nada que forzar. Quien me quiera a su lado me tendrá en cuerpo y alma. Quien se aleje es porque no me valora, y no hay tiempo que perder.