Hace un tiempo conocí a un chico en una convención de empresa y sinceramente os digo que aquello tenía toda la pinta de convertirse en algo.
Más testimonios reales en whatsapp, pincha aquí, es gratis y totalmente privado
En esa clase de historia lenta que empieza bien, sin dramas, sin juegos raros y donde dos personas adultas parecen comportarse como seres humanos funcionales.
Él era ingeniero, yo trabajaba en marketing y aunque pertenecíamos a la misma empresa, trabajábamos en oficinas distintas y en ciudades distintas, así que realmente nuestras vidas no se cruzaban demasiado.
Empezamos a hablar por gente en común, luego me pidió el teléfono por LinkedIn y empezamos a quedar.
Todo iba bien. Quizás un poco lento para mi gusto pero para un tío que encuentro que no tiene prisa por mojar el gusiluz… tampoco me voy a quejar
Cenas, conversaciones largas, bromas internas, mensajes durante el día, planes de futuro pequeñitos de esos que no parecen importantes pero lo son muchísimo. «Cuando vuelva a haber una convención tenemos que ir juntos», «Te encantaría este restaurante» «Hay una exposición que quiero enseñarte»…
No nos habíamos acostado ni nada. Ni siquiera iba por ahí la historia. Era más esa sensación agradable de «Ah, vale. Esto podría ser algo bonito»
Y entonces una noche, después de cuatro meses quedando, me dijo que le gustaba mucho, que quería intentar algo conmigo y acabamos dándonos un par de besos.
¿Sabéis lo que pasó chicas? Desde esa misma noche desapareció. Pero desapareció nivel… bomba de humo y aparezco en Punta Cana teñido de rubio.
Dejó de responder mensajes….me borró de redes sociales…no volvió a dar señales de vida.

Yo al principio pensé que igual había hecho algo mal y tonta de mí: Le escribí incluso preguntándole si había dicho algo que le hubiera molestado o si necesitaba espacio.
Nada chicas, ghosting completo y absoluto.
Y sinceramente, lo peor del ghosting no es que alguien desaparezca. Lo peor es la sensación de quedarte hablando sola con una historia que parecía real y que de repente se convierte en humo sin explicación ninguna.
Pero bueno. Lo acepté. ¿Qué otra opción tenía?
¡PERO OJO! Que el señor…siete meses después… REAPARECE. Sí si, como quien vuelve de comprar pan. Me dijo que pensaba mucho en mí, que le gustaría verme, ir a cenar y ponernos al día.
¿Perdona?¿Ponernos al día de qué exactamente? ¿De tu desaparición?
Porque una cosa os digo: Los hombres que vuelven después de hacer ghosting tienen una confianza en sí mismos que ya me gustaría a mí para ir a pedir una hipoteca.
Y sinceramente, creo que el problema de las relaciones modernas es que mucha gente ya no trata a las personas como personas.
Las trata como pestañas de Google Chrome: Las cierran cuando les incomodan y las vuelven a abrir cuando se aburren.
Y yo, por ahí, no paso.