Sex & Love

Ya no creo en el amor, y es por ti

Antes todo era diferente. Hace mucho tiempo, aprendí que los cuentos de hadas no existían y que el amor Disney es sólo una fantasía. Pero después llegaste tú, y mis teorías se fueron al traste.

No todo fue perfecto, pero nuestra relación tenía ese halo de comodidad, de amor (del bueno, del que no hace daño). Yo seguía sin creer en los cuentos de hadas, pero creía en nosotros. Tú eras mi mejor amigo, mi compañero de equipo.

Nos habían tocado unas de esas vidas que se tienen que pelear, pero todo era un poco más fácil cuando lo hacíamos juntos. Teníamos una conexión preciosa. Sólo podía pensar que estábamos hechos para estar así, porque tu cuello tenía el hueco perfecto para apoyar mi cabeza y todo parecía encajar.

Pero luego, pasó. Un día planeaba viajes y al siguiente metía tus cosas en cajas. Tu olor, ese que tantas veces me había traído a casa, ahora se clavaba en mi nariz con alfileres. Tu risa me parecía inalcanzable y las canciones que una vez me dedicaste me vaciaban por dentro. Nuestra historia se había roto, y mientras tú lo aceptaste con bastante facilidad,  yo me sentaba delante de las piezas intentando arreglarlo todo. Como si eso estuviera en mis manos.

Yo lloraba porque no sabía qué hacer con todo lo que era nuestro. Qué hacer con todo lo que tenía en mi pecho. Así que me enfadaba contigo y con todo el mundo.  Porque nadie parecía entenderme. Entendernos. Entender que lo habíamos sido todo.

Así que he decidido que ya no creo más en el amor. Ya no creo en las almas gemelas, ni en el hilo rojo que nos conectaba. Porque si no pudo funcionar contigo, no puede hacerlo con nadie. Así de simple. Si dos personas que se quieren (o se querían, yo qué sé) tanto como nosotros no pueden estar juntos, es que el amor no existe.

Así que no. No voy a seguir persiguiendo esta utopía. No voy a volver a bailar descalza por las baldosas de la cocina, ni a dedicarle poemas a nadie, ni a ver el futuro en los de otra persona. No voy a dejar que nadie se acerque lo suficiente a mí como para quemarme.

 

Le declaro la guerra al mundo.

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