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  • Querido diario

    La comodidad de estar desnuda.

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    Pfff… pero cuánto pesa este abrigo… y los pitillos me están tirando mucho de donde no deberían, ¿me habré engordado? No puede ser, será porque están recién lavados. Y este jersey…¡uff! ¡Y los botines! ¡¿Para qué demonios me los habré comprado?!

    Qué ganas tengo de llegar a casa y… ¡Mmmmm…qué calorcito más bueno…!

    ¡Uy! Adiós, abrigo. Adiós, bufanda. Adiós, jersey, pantalón, botines… Oh, sí; adiós calcetines, sujetador y -¡ups!- braguitas.

    Hola cuerpo, soy yo, eres tú, somos nosotras. ¿Qué tal? :)

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    Quizás hacía demasiado tiempo que no te prestaba atención, quizás hacía demasiado tiempo que no estábamos tú y yo a solas, quizás hacía demasiado tiempo que te tenía castigado por no querer, siquiera, mirarte.

    He notado que últimamente he dejado de hacerte caso, de prestarte atención, de apreciarte con tus virtudes y tus defectos. He notado que me alejaba de ti cuando, en realidad, te necesitaba más que nunca.

    ¿Sabes? Ahora que al fin podemos vernos, ahora que por fin podemos hablar sin necesidad de emitir ni una sílaba, ahora que los tejidos y costuras no separan lo que somos -quiénes somos- ahora puedo verte, verme, y vernos. Ahora sonrío.

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    Sé que te he estado echando la culpa de todos mis males, que te he agotado con interminables dietas, presionándote de forma verbal, emocional y literalmente a entrar en prendas en las que no tendrías por qué entrar… Sé que me he portado mal contigo.

    Pero ahora que estamos a solas, ahora que no te comparo -porque sé que lo hago sin tener que hacerlo- ahora que te veo, frente al espejo, de pie, mirándome, cálido y puro; ahora, cuando no hay mayor artificio de por medio que las propias marcas de la vida, y de a piel… ahora es cuando siento que somos una, y cuando sé que no hay nada ni nadie en el mundo que debería hacerme cambiar de opinión, porque tú -yo- eres preciosa. Tan preciosa como la naturaleza te hizo. Grande y pequeña, redondita o delgada, morena o blanca como la nieve, tú eres única, y eso te hace tan preciosa como maravillosa.

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    ¿Por qué tengo que hacerte igual a un modelo impuesto externamente, pudiendo disfrutar de todo aquello que tú me ofreces con tanto amor? ¿Por qué debo renunciar a tan preciado regalo que la vida me ha dado? Nada, absolutamente nada de lo que tú me das puede dármelo otra persona, otro cuerpo que no seas tú. Y absolutamente nada de lo que tú me ofreces me impide desarrollarme como persona.

    Pareja, amigos, familia… nada escapa, nada está impedido. Porque tú no eres la fuente de mis problemas, sino la de mi gozo y crecimiento.

    Porque tú, cuerpecito mío, eres el más bonito de todos.  Porque esas mollitas, hoyitos de celulitis, estrías, cicatrices y marcas cuentan la historia de una vida, la mía, la nuestra, y no hay camino que se pueda recorrer sin un buen mapa que te guíe y oriente.

    Y es que a veces se nos olvida la comodidad de estar desnuda.

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    Sobre el Autor

    Imagen de perfil de Sara Jotabé

    Sara nace con una libreta debajo del brazo allá por 1993 y desde entonces no ha parado de dibujar e inventarse historias cuyo parecido con la realidad, a veces, es pura coincidencia. Graduada en Bellas Artes, Master en Educación y enamorada de los pequeños detalles, sigue pensando que los juguetes cobran vida cuando nadie mira.

    

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