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  • Sex & Love

    La letra pequeña de la follamistad

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    Este verano ha sido mi verano del destape. Como el adolescente que vio su primera peli porno después de una severa represión franquista o el tío que descubrió que se excita con la lorcilla femenina y asume con éxito y públicamente su nueva sexualidad (un alto en este post para un sonoro amén por esos hombres siempre, hermanas: AAAAAmen). Porque así me sentía yo: sexy, atractiva, una Hiroshima del sexo y quería compartir eso arround the world, bebés…en la teoría.

    Me dije a mí misma, después de un largo periodo de sequía en el que mis sponsors eran el desamor vivido y la autoestima a la altura de la chancla, que estaba preparada para los devenires de la follamistad, para quedar con un señor y tener sexo en exclusiva y después asumir que me puedo ir a mi casa tan pancha, con la cará lavá y recién follá, recién follá (8) y seguir con mi vida como mujer millenial, adulta y hecha al siglo XXI que soy, sin pensar más allá de que acabo de echar un polvo y eso que me llevo …pero no sabía que desarrollaría (o que ya había desarrollado) una cosa llamada “miedo al no compromiso”. Me explico:

    En este verano de enamoramientos fugaces y sucesivos, entendí que, para que acceda a acostarme con alguien, debe haber un previo match mental por ambas partes y hasta ahí todo claro. El problema viene después: conduzco de vuelta a casa – escuchando a Taylor Swift, que es como una mezcla a la vez de “soy mujer autosuficiente pero ojalátecaguesencimaynohayaaseocerca, hijoputa” – con la sensación de “me han follado” en vez de “he follado” y con el pensamiento de que yo, entera, soy como las Supernenas: estoy hecha de muchas cosas bonitas, pero él va a verme como -[*intro mejor frase de 2017 dicha por una famosa] –  “chocho con patas y no como una smart girl” …Y, antes de que eso ocurra, o desaparezco, o pierdo la naturalidad con la que había actuado hasta el momento porque antes muerta que verme reflejada en los ojos del otro como un objeto sexual y punto. Me vuelvo a vestir, le doy un beso y me voy con la sensación de que sobro, de que mi parte del contrato está cumplida. Esto es lo que una amiga llama “la amargura de las metacogniciones” que en castellano moderno significa “vaya paja mental te haces, colega”.

    Ya sé que alguien pensará que son las cláusulas en letra pequeñita, cursiva – y muy probablemente en comic sans – de la follamistad, pero a mí me ha hecho desarrollar un bloqueo emocional y no dejar que fluyan los sentimientos si tienen que hacerlo ni darle tiempo al tiempo. Eso luego me deja vacía por dentro y puede parecer que soy una tía pasota o que ha perdido el interés en ti, pero lo cierto es que solo pongo en práctica el “me voy yo antes de que tú lo hagas, porque sé que lo harás”. Ya no doy ni la oportunidad de que ellos decidan si quieren conocerme porque he asumido directamente que no van a hacerlo. Necesito tenerlo todo bajo control. Cumplo con nuestra necesidad sexual primaria, me voy a casa rallada y mañana será otro día, y así uno y otro y otro… Me siento como Emma en No strings attached:

    Y acabo recurriendo a una follamistad por resignación y no por elección. ¿Soy la única?

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