Al comenzar una relación, hay muchas cosas que hacer. Conocerse, quedar, flirtear, follar,… Y a veces, entre tanto, se nos olvida hablar de cosas básicas. Cosas que NO-hacer para que la relación crezca sin nubarrones absurdos. NO-hacer que, de establecerlos, permitirían que las energías se centraran en los problemas verdaderos de la vida y el querer. Estos NO-hacer son muchos, yo aquí traigo 5 cosas que NO-hacer en una relación que establecer en el comienzo nutridos de horas exhaustivas de estudio.

Yo fui de las más tardonas en tener novio. Siempre escuchaba a mis amigas lo que les ocurría en su día a día y como se comportaban ellos/ellas, sus parejas, en los comienzos de su relación. Algunos de esos problemas me parecían tan evidentes como absurdos y fáciles de resolver.  Luego me llegó mi turno. Y como ellas, me sentí sola en el mundo ante el mayor cafre de la tierra (asumo que él tuvo momentos iguales). Nada más lejos de la realidad. Con el tiempo me he dado cuenta de que todas mis amigas, yo incluida, somos versiones temporales de las otras. Lo que yo vivo con mi novio de 3 años, es lo que vivirá mi amiga que acaba de empezar y lo que vivió la primera en casarse.

No me entendáis mal, cada pareja es un mundo, pero las personas no somos tan variopintas y los problemas del día a día se parecen muchísimo entre sí. Tanto es así, que aquí traigo 5 cosas que NO-hacer en una relación que deberíamos explicarnos al empezar:

  1. No me cuentes lo que te dice tu madre sobre mí: si es algo bueno, podría valorarse, pero como las cosas dichas con amor no dependen del mensajero si no del receptor, lo mejor es que no te arriesgues y no me lo cuentes. Las madres te quieren demasiado, emiten opiniones no muy objetivas y, a menudo, tienen la boca muy grande. Puedes creer que nos va a ayudar, pero muy probablemente solo me construya un muro de hormigón armado contra mi pobre y aún poco conocida suegra.

 

  1. No consultes un problema íntimo nuestro con tu mejor amigo/amiga/hermana sin haberlo hablado entre nosotros primero (por lo menos): vamos a ver, no sé yo ni de dónde sangro que ya le has pedido que me opere tu amigo del alma. Pues no. Espérate, hablemos, discutamos incluso. Y cuando hayamos llegado a alguna conclusión, incluso la de no estar de acuerdo, pues ya vas y te desahogas. No antes, leches. Que a nadie le importa que pasa en nuestro catre. Parece de primero de relación, pero esto de llegar a la vida de uno que ya tiene sus pilares y sus costumbres, hace que hagamos estas cosas en piloto automático.

Los problemas en la cama, se quedan entre los que están en ella.

  1. No uses mi regla como justificación a alguna conducta que tenga ni si quiera cuando lo haya hecho yo segundos antes: y ya, esta es sencilla. Cuando decimos algo y añadimos “es que tengo la regla” SIEMPRE es una pregunta trampa. Lo sentimos. Pero mi regla, mi movida. No la tuya ¿Sabes eso de mi hermano es imbécil pero como te metas con él te reviento? Pues lo mismo con nuestra sangre, chatos.

 

  1. No pidas comida por mí: no asumas, ni cuando tengamos 80 años de casados, que sabes qué quiero. Y si lo asumes, al menos procura corroborarlo. No me “cuides” el gluten, la lactosa, el marisco o el azúcar. Déjame que yo veré que hago que ya soy mayorcita. Seguro que hay un amor y una ternura deliciosa detrás de eso pero que no, que mi estómago es mío; mi paladar también y ni qué decir de mis intolerancias y cómo las manejo.
  1. No juzgues mi hábitat: esto de que te invite a mi casa y hagas comentarios sobre su orden, limpieza o gusto decorativo ¿a qué viene? ¿dónde te mintieron diciéndote que así acababas chuscando? Porque te mintieron, que te devuelvan el dinero. Yo te invito, te acojo e incluso, te resguardo. Ni media con lo que pasa entre MIS cuatro paredes. Es mi espacio de calma y de encuentro con mi verdadera yo así que, si no te mola, no te enamores; si te enamoras, lo haces también de mi hábitat. Cuando sea nuestro, hablamos.

Los comienzos de las relaciones suelen ser idílicos. Momentos llenos de química, pasión, desenfreno…. Pero también de ansiedad y nervios e inseguridades. Algunos inherentes a abrirse y conocerse, insalvables. Hay otros momentos súper manejables que si se establecen como conocimientos mínimos todo fluye mejor.

Yo digo, a hablar. A dejarlo claro. A entender que ocurra, pero a establecer el límite. Con estas 5 cosas que NO-hacer en una relación y otras que tengáis vosotras. Que las relaciones pueden molar mucho como para que nos nublemos absurdamente.

¿Qué cosas que NO-hacer tenéis vosotras?

@tengoquenayque