Mucho he leído en los últimos años sobre la copa menstrual. Y como quien evoluciona con la edad, he pasado por diferentes etapas al informarme sobre este inventillo que conocí gracias a un anuncio random de Facebook.

Al principio me horroricé, pensaba que semejante artilugio era una maldita broma para estas nuestras vaginas, después fui poco a poco comprendiendo que quizás la idea no era tan mala y finalmente me autoconvencí de que debía unirme a esa gran oleada de mujeres que ya no gastan un duro en tampones ni compresas.

Algunos ciclos después de tenerlo claro, me metí en una farmacia y pedí que me asesoraran sobre qué modelo era el idóneo para mis bajos. El farmacéutico él muy joven, muy amable, pero también muy torpe, me leyó la caja (cosa que bien podía haber hecho yo, y no he estudiado cinco años de Farmacia) y al final fui yo la que le expliqué a él cuál debía llevarme. El caso, once de la noche, mi casa, primer intento para introducirme la copa y… digamos que hay cosas sobre esta maravilla que todavía no nos han contado.

1/ Que se escurre cuando intentas ponértela. Como me han enseñado que antes de actuar hay que leer, me estudié metódicamente las instrucciones del interior de la caja. Allí ponía bien claro que recomendaban humedecerla con agua o con un lubricante de base acuosa para facilitar la labor. Pensé ‘todo lo que sea facilidades, bien recibidas sean‘. Mojé con sutileza el borde de la copa, y aquello empezó a escurrirse más que un pez recién pescado. Por varias veces se me escapó de las manos al intentar pinzarla, y otras tantas salió propulsada contra mi chocho moreno. Un éxito abrumador lo del lubricante (nótese la ironía).

2/ Que eso de meterla en forma de ‘U’ no es para todas. Lo había leído tantas veces que no me lo pensé dos veces: una doblez en el centro y pa’ dentro. ¡Ajá! ¿Pero qué pasa cuando está todavía a medio entrar y aquello se despliega? Pues que te queda una copa abierta a medio meter muy magnífica pero nada cómoda. La Odisea comienza cuando llevas cuatro intentos y los cuatro terminan así, haciéndose el vacío en la entrada de la vagina. ¡WTF!

3/ Que una vez dentro, todo es más fácil… ¡o no! Media hora después de empezar, al fin he conseguido que la copa esté dentro de mi cuerpo. Con el miedo habitual de que eso se me meta muy adentro y perderla en la inmensidad de mi vagina, siento que el pitorrito sigue ahí pero, ¡espera! No se ha abierto, sigue plegada, no por favor ¿por qué no te abres? ¡Tengo un burruño de silicona en el coño!

4/ Que para que la copa haga ¡Pop! No hay stop. La copa tiene que hacer el vacío, sino no funciona. Esa es la teoría, y el cómo llegar a ello es lo difícil (al menos en mi caso). La tengo dentro, la noto, la siento, y soy consciente de que sigue doblada, con uno de sus lados completamente plegado. Leo. Tengo que intentar girarla, moverla hasta que todos los bordes estén en contacto con las paredes de mi vagina. Yo la toco, intento que eso gire, pero siento que mi vagina es demasiado carnosa para mover nada ahí dentro. Me estoy imaginando a la copa aprisionada entre mis carnes y pensando ‘a ver colega, que tienes el chocho gordo y aquí no me despliego ni de coña‘. No hay forma, decido quitármela, hay que volver a empezar.

5/ Y entonces llega el ¡Pop! En plena salida. Pinzo un poco con mis dedos (a todo esto, tengo las manos más pequeñas del planeta y no está siendo tarea fácil) agarro como puedo y empiezo a tirar hacia el exterior. La copa no quiere salir, ¡mierdas!, presiono uno de sus lados como he visto en los tutoriales de Youtube. ¿A ver si iba a estar bien puesta la jodía? Sigo en mis trece, tengo que sacarla de ahí, se escurre ¡¿pero por qué la naturaleza me ha dado estas pezuñitas tan gorditas y pequeñas?! Parece que ya sale, ya sale y… ¡Pop! Ostras, el vacío.

6/ Que le voy a perder la aprensión a la sangre, bueno, a mi sangre. La limpio como buenamente puedo y vuelvo a meterla. Cuando me doy cuenta miro mis manos, los dedos están ensangrentados (sorry por ser tan gráfica) y lo cierto es que me da exactamente igual. Yo, que cuando me cambio un tampón no soporto mancharme ni un poco, y ahí estoy, hurgándome en la vagina como si no pasara nada. ¡No hay como darse un paseo por la anatomía de una!

7/ Que cuando al fin lo consigues, te sientes bárbara. Parece que este último intento ha sido rápido, metódico y, lo que es más importante, todo un éxito. Ha entrado como un guante, puedo tocarla y girarla sin problemas y al ponerme de pie no siento que la lleve puesta. ¡Sí! ¡Ya uso la copa! Me voy a la cama sintiéndome una mujer nueva. Y bueno, por si las moscas, esta noche me pongo una compresa no vaya a ser que mi nueva amiga me la juegue.

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Fotografía de portada