Con 37 años y sin hijos, centrada en mí, era de esperar que ya hubiera despuntado profesionalmente, ¿verdad? Buenas condiciones, sueldazo, vidorra… Me atormento mucho pensando que esta falta de hitos profesionales significativos me va a lastrar en el futuro.

Sin currículum deslumbrante pasada cierta edad, no habrá nuevas oportunidades, menos aún cuando las nuevas generaciones vienen detrás hablando idiomas y con unas habilidades digitales asombrosas casi de serie. Y, si no son las nuevas generaciones las que me reemplacen, será la inteligencia artificial.

Se me va mucha energía intentando que la presión del “reloj biológico profesional” no me traiga ansiedad, solo inconformismo para seguir adelante y crecer con un convencimiento: el éxito puede llegar en cualquier etapa de la vida. No todo tiene que pasar antes de los 40, ni de los 50, a lo mejor ni de los 60 años. Y he encontrado historias inspiradoras que lo ilustran:

  • Benedicta Sánchez debutó como actriz en un papel protagonista con 83 años, y con 84 ganó el Goya a Mejor Actriz. Su vida estaba llena de experiencias dignas de película, eso sí, pero me quedo con sus palabras: “La vida te da sorpresas y esta es una muy grande en toda mi larga existencia”.
  • María Galiana tenía 50 años y trabajaba como profesora de instituto (lo que ya es un hito profesional) cuando participó en su primera película. Ganó el Goya ya jubilada como docente.
  • Laura Ingalls Wilder, autora de La casa de la pradera, comenzó a escribir su serie de novelas cuando tenía 65 años. De niña fue escolarizada solo por temporadas, debido a la vida itinerante de su familia, y sufrió dramas como la muerte de un hijo, la difteria de su marido (que lo dejó paralítico), las deudas o un incendio que arrasó su granja.

Son solo historias inspiradoras que demuestran que la vida no es una carrera, y que las cosas pasan cuando pasan, pero yo ni siquiera aspiro a tanto. No pretendo que mi nombre figure para siempre en los anales del cine o la literatura, como en los casos anteriores, me conformo con mucho menos.

Hay personas en mi entorno con historias que, sin llegar a esos niveles de épica (tampoco hace falta), también son inspiradoras. Como la de la madre de mi amiga, que, siendo una alumna brillante y con unas ganas brutales de comerse el mundo, se quedó embarazada de su novio y se tuvo que casar y dedicarse a la casa y los niños. Era finales de los 70. Tenía más de 60 cuando comenzó la carrera de Educación Primaria, porque le gustaba enseñar, y hoy da clases particulares. Tiene la casa llena de niños todas las tardes, de lunes a viernes, y es feliz.

El éxito sería otra cosa

Tal vez esté sugestionada por lo que leo y escucho. Hace poco, sin ir más lejos, leí a una mujer en el foro que decía que, con 40 años, lo único que le quedaba era emprender porque, con esa edad, ya nadie la contrataría. Y, seguramente, yo esté generando incomodidad en otras lectoras al venir aquí a escribir esto con 37.

Hay algo más urgente que el éxito que quiero que me pase YA. No antes de los 40 ni de los 50, sino AHORA MISMO. Y es asumir de una vez todo esto:

  • Valorar todo aquello que no se ve en un currículum, y que sí he conseguido: conocimiento, habilidades, experiencia, resiliencia y autoconocimiento, además de independencia.
  • Dejar de compararme con los demás y enfocarme en mi propio camino, con mis propias expectativas.
  • Cuestionar la idea social de éxito, que no casa conmigo: casa propia, familia, puesto de trabajo importante…
  • Asumir que siempre es buen momento para reinventarme: explorar nuevas áreas, emprender, estudiar…
  • Ser amable y paciente conmigo misma. Dejar la autoexigencia y el trato duro a mí misma. ¡No lo merezco!

¿Alguna historia de éxito “tardío” anónima que queráis compartir? ¿A qué edad tuvisteis vuestro gran año? ¿Qué hacéis para lidiar con las posibles frustraciones?