Aguanta fuerte, que lo que hay fuera es peor. Ese fue el consejo de una de mis amigas cuando me desahogaba viento en popa por las faltas de mi chico.
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No son males de morir, pero sí que hace cosas que a mí no me entran en la cabeza y que para mí sí representan un problema. O al menos lo hacían antes de que el fin de semana pasado me sentara con mis chicas y, vino en mano, comenzara a contarles las cosas que me molestan.
Por ejemplo: va a visitar a su hermano o a sus amigos y ya no vuelve. Pasa la noche ahí; básicamente, donde lo pilla el final de la tarde, se queda a dormir. A mi parecer es completamente absurdo teniendo su casa y su propia cama, donde además lo espera su chica. Le he hecho saber que me molesta, que no es normal, pero llevamos tres años y contando y continúa haciendo lo mismo. No es amable con mis padres; no los trata mal, pero tampoco bien, es como una apatía total y absoluta que me molesta un montón. Es maniático con la cocina, pero un cerdo en el baño… y así muchas cosas más que yo podría enumerar como motivos potenciales para terminar la relación. Pero, de acuerdo a mis amigas solteras, no es nada grave y mejor que aguante, porque la situación en «la calle» está fea.
Para probar su punto, procedieron a contarme sus citas, los eventos más incómodos y cuestionables que las han hecho querer quedarse en casa sin más compañía que la de su vibrador.
Mi amiga Perla estaba liada con un tío que, día sí y día no, le hacía comentarios sobre su zona íntima, aunque no estuvieran en momentos o contextos sexuales: “Amo lo mucho que se moja tu coño, tu coño apretado es lo máximo, tu coño caliente me da vida”… No me jodan, eso no es sexy ni atractivo. Obviamente, Perla se hartó de recibir adjetivos para su coño un día sí y otro también, y lo dejó.
Después de ese, salió con otro tío que, además de no dejarla hablar en la primera y única cita que tuvieron, le dio un puñetazo “amistoso” en el brazo mientras se reía de uno de sus propios chistes (que, como era de imaginar, fue muy malo).
Mi amiga Mary salió un par de semanas con un chico hasta que descubrió que la había guardado en sus contactos como “Mi putita”. Y también Mary coronó a un imbécil colosal que, después de un par de citas, le dijo que era bonita, pero no lo suficiente como para que fuesen exclusivos. El chico que sí la trata como a una princesa y le baja la luna y las estrellas es una “relación a distancia”, porque el tío se jacta de que iría al espacio por ella, pero vive en Turín y no ha sido capaz de tomar un jodido avión en tres años.
Mi plan era desahogarme y recibir un poco de apoyo; en su lugar, el consejo unánime de mis amigas fue: “Aguanta fuerte, guapa, que la calle está muy fea”.