No he sido yo muy fan nunca del mundo esotérico, la verdad, porque siempre me ha dado mucho miedo. De hecho, soy incapaz hasta de ver películas de terror de estas de espíritus que conviven en las casas con las personas y les hacen putadas.
Lo mío es diferente.
Hace un año empecé a sentirme mal, nerviosa, inquieta. Vivo sola y de pronto sentía como que mi casa no me acogía como siempre, sino que en cierta manera me causaba rechazo. Con el tiempo me di cuenta de que sentía algo así como cansancio, como si estar allí me robase la energía, además, notaba que por más que ponía la calefacción y me abrigase, sentía frío, el cuerpo no me entraba en calor. Tardé meses en darme cuenta de que algo raro andaba pasando.
Una noche me acosté, como tantas otras, sin nada reseñable que ocurriese anteriormente ni nada parecido. En esos minutos que pasan entre que una apoya la cabeza en su almohada y realmente se duerme, noté perfectamente, y cuando digo perfectamente es que fue sin lugar a dudas, cómo “alguien” se tumbaba a mi lado. Sé que no fue un sueño porque aún no me había dormido y porque tengo un reloj digital en la mesita de noche y tuve los ojos clavados en la hora, viendo pasar los minutos, hasta que esa sensación se me pasó, sin atreverme a moverme.
Eran las 23:48 y el reloj llegó a las 23:54 mientras que yo rezaba y le pedía a dios con todas mis fuerzas que esa situación se terminase. Efectivamente y tras esos minutos, mi cuerpo comenzó a relajarse y sentí de nuevo que estaba sola, pero mi sensación física no era normal, sino como si me acabasen de dar una paliza. Lánguida, exhausta, muy cansada, sin fuerzas. Y sobre todo me invadió una gran preocupación.
Me empecé a rallar con ese tema y mi casa me empezó a dar yuyu, no os voy a mentir. Me costaba dormir allí, no descansaba, no sabía qué hacer porque entendía que si se lo contaba a alguien, me iba a tildar de loca. Ponía excusas para quedarme a dormir en casa de mi madre y no quedarme sola en casa. Cuando mi familia empezó a extrañarse, me di cuenta de que aquello no podía quedarse así, aquella presencia no podía echarme de mi casa sin más.
Decidí echarle valor e intentar volver a mi vida normal. Durante unas cuantas noches no pasó nada y empecé a relajarme, hasta que de pronto… al ir a dormir noté de nuevo que alguien se echaba en mi cama, pero esta vez me abrazaba. Se pegaba a mi cuerpo por la espalda y me echaba lo que yo sentía como un brazo por encima. Era una sensación extraña. Sentía muchísimo miedo, pero entendí que aquella presencia, en todo caso, no venía a hacerme daño. Miré el reloj de nuevo, minuto a minuto, rezando, hasta que dejó de abrazarme y se fue. Al irse, de nuevo me quedé hecha polvo, siempre pasan varios minutos hasta que recupero la fuerza.
Decidí acudir a una médium a ver si podía ayudarme. Ésta me dijo que era mi bisabuela. Era cierto que yo hacía unos meses había puesto en mi casa una foto antigua de mi madre de joven con su abuela, mi bisabuela, de manera que, aunque yo en las médiums creo lo justo, esa teoría me cuadró. Quiero pensar que es ella, me siento más tranquila desde entonces, porque dentro de lo malo podría ser peor.
Guardé la foto en un cajón, pero mi bisabuela ahí sigue pululando por mi casa, a ratos, por rachas. Vivir con una presencia no es fácil ni agradable, pero he aprendido a resignarme y a sobrellevarlo.
No aparece todos los días ni mucho menos, hago una vida más o menos normal, pero hay veces que sólo atravesando el umbral de mi casa, se me pone la carne de gallina y entiendo que tengo allí a la bisa dando la lata. De vez en cuando le pongo velas y parece que su presencia se aplaca. Me gustaría saber qué es lo que quiere o necesita, pero sinceramente me da miedo abrir ese melón y sencillamente me resigno a convivir con mi original compañera de piso y a rezar todo lo que sé cada vez que aparece para que se vaya pronto.
Envía tus movidas a [email protected]

