Rompí con mi ex en agosto del año pasado. Llevábamos una larga temporada muy mal, habíamos descubierto que queríamos cosas diferentes en la vida, además de que me engañó con otra chica (nada, detalles insignificantes para plantearte una ruptura). Entre la ira, los celos, el dolor, el duelo y el llanto más descontrolado, decidí dejarle por razones obvias. No teníamos futuro ni yo me planteaba ya tenerlo con él después de semejante traición.
Los días fueron pasando y yo me enteré de quién era ella, una chica que había conocido en el trabajo y llevaban ya unos meses flirteando. Todo esto, como os podéis imaginar, me sentó como un jarro de agua fría. Cuál fue la coincidencia, que mes y medio después, me invitaron a una fiesta a la que ella también había sido invitada. Yo sabía quién era ella pero no al contrario, así que cuando la vi en el evento me puse super nerviosa. Yo de primeras para nada sabía que iba a estar, porque no es una fiesta del grupo de amigos de él, si no un evento privado de mis amigos y conocidos. Pues bueno, resulta que ella es la hermana de un conocido mío y asistió. Yo no sabía si acercarme o no a ella, estuve realmente nerviosa todo el rato, me temblaban las piernas, me sentía triste, pero necesitaba hablar con ella. Me entraban mil dudas, ¿ella sabía que él tenía pareja cuando empezaron a liarse o fuimos engañadas las dos? y si lo sabía, ¿realmente le daba igual?

En esto que a la segunda copa me vi con las fuerzas suficientes para acercarme a donde estaba ella. Me senté con una amiga y saludé a su grupito. Después de hablar un rato todos juntos me acerqué a ella y le pregunté si sabía quién era. Claramente confusa me dijo que no, que no recordaba haberme conocido previamente. Ahí supe todo: ella también fue engañada. Inmediatamente empaticé con ella y me surgió un amor instantáneo hacia esa desconocida. Le dije que era pareja de Alejandro, que rompimos por varias razones, pero entre otras porque me enteré de que te estaba conociendo (intenté tocar el tema con toda la sororidad y calma que pude, porque entendí que ella se estaba enterando de esto en ese momento) y que quería decírselo por si tenía que tomar alguna decisión por su lado, porque no quería que viviera engañada. Flipó en colores, se tuvo que sentar un rato a procesarlo todo, hasta vi cómo se le caía la primera lágrima. Lo sentí mucho por ella la verdad, porque mi dolor ya estaba muy gestionado, pero que venga alguien en una fiesta y te diga esto no es plato de buen gusto. Me dijo que agradecía la sinceridad y que me hubiera acercado a decírselo, que iba a hablar con él para aclarar las cosas y, a continuación, mandarle a la mierda lo más grande.
El resto de la noche fue, sorprendentemente, super divertida. Estuve con ella todo el rato, hablando de lo que pasó, de cómo me sentía yo, de otras cosas, y dentro de mí algo bonito estaba aflorando.
Después de esa noche volvimos a coincidir un par de veces, compartimos los teléfonos y nos hicimos muy amigas. Muy amigas quiere decir que acabamos comiéndonos el coño mutuamente. Y así, de repente, me enamoré de ella profundamente. Pasó a ser mi confidente, mi mejor amiga, mi novia, mi futuro esperanzador y mi nuevo amor. A veces, la realidad supera a la ficción, y porque ese desgraciado jugó con ambas, encontramos en la otra el apoyo y el amor que él no nos supo dar.
Relato escrito por una colaboradora basado en una historia real
Envía tus movidas a [email protected]