Corría el año 2021 y aún estábamos desperezándonos del confinamiento, mientras la pandemia daba sus últimos coletazos. Yo lo había dejado con mi ex hacía relativamente poco, después de vivir los peores meses a su lado entre el encierro y la desescalada. El caso es que me mudé sola a un apartamento muy cuco que encontré por el centro, a nada y menos de mi curro, y empezaron los meses más intensos y surrealistas de mi vida.
Más historias y testimonios en whatsapp
Por aquel entonces yo veía mucho la tele. Aún había toque de queda y restricciones a la hora de quedar con amigos, así que no es que tuviera muchos planes. Fue entonces cuando un pavo de realities apareció en mi vida. No diré su nombre por mantener su privacidad porque, a día de hoy, sigue siendo un personaje público, pero igual, si atáis cabos, caéis en quién puede ser.
Recuerdo que intentaba ver todos los programas en los que salía. Cada día sabía a qué hora podía estar en antena y procuraba tener la tele encendida a esas horas para verlo. Un día busqué su Instagram y empecé a seguirlo por allí también. Yo, que soy una persona tremendamente vergonzosa, a la que le cuesta la vida hacer amigos o conocer gente nueva, me armé de valor y un día le contesté a una story que había subido.
Cuál fue mi sorpresa al ver que ¡me respondió! La flipé tan máximamente que ese día me fui a andar unas dos horas para despejarme después del shock. Pero la cosa no acabó ahí, porque yo le respondía, él volvía a contestar y así, sin comerlo ni beberlo, empezamos a hablar.
Yo cada día estaba más y más encoñada. Que si mensajito por aquí, story por allá, que si un audio… Hasta que un día nos dimos los WhatsApp y nos llamamos por teléfono. Estuvimos como una hora de reloj hablando de nada y de todo. Me contó sobre su vida y yo sobre la mía y, al final, antes de despedirnos, decidimos quedar.
Como he comentado al principio, aún había toque de queda y él, que era conocido, no quería quedar en cualquier sitio por si le reconocían, así que al final decidimos vernos en mi casa.
Tenía la suerte de tener una terracita muy cuca, así que preparé algo de picar y compré cervezas y allí echamos la tarde. Estuvimos tan a gusto que se nos fue el tiempo y perdió el último metro a su casa antes del toque de queda. Así que le propuse que se quedara a dormir. Tenía una habitación vacía con una cama y le propuse dormir allí. Spoiler: durmió en mi cama, conmigo.
Dormir, lo que es dormir, dormimos más bien poco, porque nos pasamos la noche triscando. Creo que, en el ranking de mis noches más calentorras, esa ocupa, incluso a día de hoy, el número uno.
Se marchó por la mañana temprano y, aunque seguimos hablando por WhatsApp, la intensidad bajó. Ya no era como antes. Supongo que, al desvirtualizarnos y conocernos en persona, habíamos perdido ese punto de magia y curiosidad que teníamos al principio.
Volvimos a quedar un par de veces más, hasta que todo volvió a la normalidad y yo dejé de tener tanto tiempo libre, y él volvió a su trabajo de persona famosa paseaplatós. Desde entonces seguimos comentándonos alguna que otra story y mandándonos algún que otro mensaje. Actualmente yo tengo pareja estable y no me interesa desenterrar antiguos rollos, y él sigue en antena paseándose por alguna que otra isla.
Cada vez que recuerdo aquella época lo hago con nostalgia y cariño porque, ¡madre mía!, las vueltas que da la vida y la de cosas surrealistas que nos pueden llegar a pasar.
Anónimo
Envía tus movidas a [email protected]