Les conocí antes de que empezaran a salir juntos. Con él compartí un curso y con ella empecé a coincidir en algunas clases. Se encontraron una noche de fiesta y a los meses empezaron a salir. Para entonces, ella era ya una de mis mejores amigas. Él, era un conocido con el que me que llevaba bien. Entre ellos siempre fueron muy diferentes: ella sociable y efusiva, y él reservado y tímido.

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Han pasado más de quince años y han seguido en mi vida. Ellos han pasado por infinitas etapas, algunas crisis y han creado una familia. Tienen tres hijos y han vivido ya en varios países, teniendo claro que hay que aprovechar las oportunidades y vivir el día a día.

Ahora viven en Londres. Ya he ido a verles y me escribo con ella casi todos los días.

Hace unas semanas me dijo que se había muerto la abuela de su marido. Le di el pésame y le pregunté cómo estaba él, que le llamaría. Me dijo que cómo iba a estar, que ya era muy mayor, que es ley de vida. Entendí la respuesta, pero le dije que igualmente podía estar triste. Me repitió que no, que no había motivo. Sabiendo que él no suele mostrar sus sentimientos, no entendí la actitud de mi amiga.

Al final le mandé un WhatsApp diciéndole que lo sentía y dejé pasar el resto del día sin molestar más.

 

Al día siguiente, volví a llamar a mi amiga para preguntar por tanatorio, entierro o lo que fueran a hacer a lo que poder ir y darles un beso (ya que la abuela vivía en mi ciudad). Me respondió que no pensaban ir, que su marido estuvo pensando en ir solo (con los niños era mucho jaleo), pero que ella le había quitado la idea, que no tenía sentido ir.

La verdad es que no esperaba la respuesta. Me pareció tan fría. Le fui sincera, podía entender que es ley de vida y demás, pero que seguramente la madre de su marido agradecería tener a su hijo cerca en días tan complicados. Además, que algo se pueda esperar, no impide que sea duro y triste.

Mi amiga se enfadó conmigo, me reprochó meterme en algo tan familiar, que yo no era quién para opinar, que quién me había creído que era. Me dolieron mucho sus palabras, no lo sé, seguramente tiene razón, pero somos amigos desde hace tanto tiempo, que pensé que teníamos confianza para todo.

Pasaron unas semanas sin escribirnos. Ayer me animé a mandarle un WhatsApp hablando de los peques y me contestó como siempre, como si todo estuviera igual. Supongo que a partir de ahora haremos como si aquella discusión no hubiera pasado, pero yo no puedo evitar sentir que la relación que tenemos no es la que yo pensaba y que, a partir de ahora, cuidaré más mis palabras.