No sé vosotras, pero yo tenía mi terraza totalmente desaprovechada. Sí, estaba el típico tenderete para la ropa, alguna planta medio muerta (pobres) y cuatro sillas de plástico que daban cero ganas de sentarse. Vamos que ni relax ni nada. Pero hace unos meses decidí que ya estaba bien de tener un espacio muerto y me propuse crear mi rincón zen.
Y os juro que la pérgola fue la jugada maestra.
El antes y el después (muy rollo programa de reformas de Divinity)
Antes: yo intentando desayunar un domingo y derritiéndome con el sol en toda la cara.
Después: yo, bajo la pérgola, con mi café con hielo, mis gafas de sol y una sonrisa digna de anuncio.
La diferencia es abismal. Una pérgola no es solo una estructura bonita, es como darle paredes invisibles a tu terraza. De repente tienes un sitio definido, con sombra, acogedor, donde apetece estar horas.
Por qué me lancé con una pérgola
Lo confieso: yo pensaba que era un capricho caro e innecesario. Pero la verdad es que tiene un montón de ventajas:
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Adiós solazo en la cara. Ahora puedo leer sin quedarme ciega a las dos páginas.
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Más “casa Pinterest”. Con cuatro cojines y unas lucecitas ya parece sacado de revista.
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Un espacio definido. Ya no es “la terraza”, es mi rincón de relax.
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Subidón de autoestima deco. Cada vez que viene alguien, me sueltan: “qué mona te ha quedado la terraza”. Y yo, que me vengo arriba, claro.
Mi elección: pérgola 3×3 para terraza
Después de dar mil vueltas (y marear a Google), encontré la opción que mejor me encajaba: la pergola 3×3 para terraza. Ni muy grande ni muy pequeña, tamaño justo para poner una mesita, dos sillones y aún me sobra hueco para las plantas.
Lo mejor es que tiene ese rollo moderno que no desentona, da igual si tu estilo es minimalista, mediterráneo o más rústico. Vamos, que encaja con todo.
Decorar la pérgola: aquí es donde me vine arriba
Una vez montada, me pasé de “quiero un rinconcito para leer” a “esto va a ser mi chiringuito particular”:
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Le puse guirnaldas de luces LED (si no hay lucecitas, no hay terraza Instagram-friendly).
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Añadí cortinas blancas ligeras que dan intimidad y un aire muy bohemio.
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Compré una alfombra de exterior para delimitar el espacio.
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Y, por supuesto, llené todo de plantas (esta vez vivas, lo juro).
Resultado: ahora mis amigas quieren hacer tardeo en mi casa porque mi terraza tiene más rollo que el bar de moda
Decorar la pérgola: aquí es donde me vine arriba
Una vez montada, me pasé de “quiero un rinconcito para leer” a “esto va a ser mi chiringuito particular”:
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Le puse guirnaldas de luces LED (si no hay lucecitas, no hay terraza Instagram-friendly).
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Añadí cortinas blancas ligeras que dan intimidad y un aire muy bohemio.
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Compré una alfombra de exterior para delimitar el espacio.
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Y, por supuesto, llené todo de plantas (esta vez vivas, lo juro).
Resultado: ahora mis amigas quieren hacer tardeo en mi casa porque mi terraza tiene más rollo que el bar de moda
Más allá de lo bonito os digo algo: me ha cambiado el ánimo. Salir al aire libre, aunque sea a tu propio balcón, hace que desconectes. Me preparo un té, pongo música bajita y es como si me hubiera ido de mini vacaciones sin moverme de casa.
De hecho hay estudios que dicen que pasar tiempo fuera reduce el estrés y mejora el humor, y os prometo que es verdad: yo noto que mi rincón me baja revoluciones cuando llego del curro.
Si tienes una terraza o un patio medio olvidado de verdad… invierte en una pérgola. No hace falta que sea carísima ni que te montes un resort, con una estructura sencilla y algunos detalles puedes crear un espacio que te dé paz, estilo y felicidad.
Ahora lo único que me falta es aprender a hacer mojitos como en el chiringuito de la playa, y ya os digo que no me vais a sacar de mi terraza en todo el verano.