Si tienes un buen entorno, cuídalo.
Ya sea una red de apoyo familiar, de amigos, con tu pareja o la simbiosis que hayas decidido crear con ese grupo de iguales —o distintos– que más te aporten, porque serán ellos lo que te ayuden a conseguirlo todo. Tus metas. Tus sueños. Tus ambiciones e ilusiones.
Estas son las personas que te querrán y apoyarán aunque no tengas nada. Los que saldrán contigo a tomarse una cerveza de pie a un garito barato, los que se quedaran en casa viendo el canal de música sino hay dinero para entradas de conciertos; son lo que estarán ahí cuando pierdas la paciencia, la calma y la ilusión, cuando el estrés, el no poder pagar las facturas ni tener una vida de lujos, viajes, comidas fuera y compras todos los fines de semana empiece a hacer mella.
Los que pagarán a medias la pizza, con vaqueros de andar por casa y zapatillas con las mismas ganas que se irían de festival tres días o de spa un fin de semana.
Esas personas son las que lo valen todo, las que merecen estar contigo cuando aparezcan los laureles y los pasteles.
Cualquier puede llegar cuando eres exitoso o exitosa, cuando tienes un buen sueldos, grandes vacaciones, colaboras con marcas, escribes para revistas de moda o te has hecho un nombre social de prestigio. Esas personas no te conocieron y aceptaron en los momentos más bajos, no pasaron noches en vela contigo armando fantasías que ni siquiera tú te veías capaz de cumplir. No fueron tu tribu cuando tu lanza era hueca y apenas había terreno que pudieras recorrer.
Es fácil subirse al barco cuando este tiene camarotes de primera clase y todos los lujos imaginarios, pero si estás en un momento de transición, de miedo, de dudas, expectativas, cambio, zozobra, ascenso, retroceso, ganancia o pérdida de cualquier índole plantéate… ¿cuántas de las personas que quieren recorrer los pasillos business estuvieron ahí cuando el barco era de papel y amenaza con hundirse? ¿Quién recogió los pedazos empapados, te sonrió y acercó a tus manos una hoja limpia y te ayudó a volver a doblar las esquinas?
El éxito, sea como fuere que cada uno lo entiende, depende del esfuerzo propio, por supuesto, pero a la hora de mirar en derredor, son las caras que veías en medio de las tinieblas, del esfuerzo y el miedo, las que merecen estar presenten cuando lleguen las sonrisas.
Llegar cuando la mesa está puesta es sencillo e irrelevante.
Es quien estuvo ayudándote a encontrar suficiente vajilla para todos, quien resulta el verdadero premio y son esas personas y solo esas, las que una vez zarpes, donde quiera que te lleve el viento, nunca dejarán que te quedes solo tanto si llegas a tierra, como si toca achicar agua y naufragar.
