Cuando dos de mis amigas decidieron casarse el mismo día  

Tengo 27 años y hasta la fecha ninguno de mis amigos se había casado. Yo tenía ganitas de un bodorrio, porque veía que en el grupo de amigas de mi hermana, que tiene 30, la cosa se iba moviendo y, sinceramente, me daba un poquito de envidia. Lo que no me imaginaba es que dos de mis amigas elegirían casarse el mismo día. Cosa que provocó un “jari” en mi cuerpo serrano.  

Os pongo en situación. Una buena amiga mía de la uni nos dijo que se casaba el 14 de octubre. Nos avisó con bastante tiempo de antelación y pensé: “por fin, ya empezamos con bodorrios/fiestón”. Era una boda de tarde, y con mucha ilusión empecé a pensar en mí “outfit”.  

El gran problema vino cuando se acercó la fecha, quedaban 6 semanas, y una amiga del grupo de toda la vida nos reunió en una cena para contarnos que se casaba … EL 14 DE OCTUBRE. No podía creerlo, pasé de tener 0 bodas a tener dos el mismo puñetero día. Se me debió notar en la cara porque mi amiga me dijo si me pasaba algo, pero claro, no quise decirle que ya tenía una boda ese día, porque estaba tan ilusionada…  

Nos dijo que su boda era de mañana y esto me alivió un poquito. Significaba que quizás no tenía que sacrificar ninguno de los dos eventos. Y aquí es cuando empezó mi drama mental para crear un croquis perfecto que me permitiera llegar a tiempo a las dos bodas.  

Puntos a favor, cada una era a diferentes horas y las dos eran en Madrid, mi ciudad. Puntos en contra, cada una era en una punta de la ciudad, literalmente tardaba 1 hora 45 minutos en llegar de un sitio al otro.  

Empecé a darle al coco. La boda mañanera empezaba a las 12, para las 14 estaríamos comiendo en el restaurante y tenía dos horas escasas para “disfrutar” allí. Después, a las 16:30h máximo tenía que coger un Uber que me llevara a la iglesia de la boda número 2, la cual comenzaba a las 18.30. Contando con que la novia siempre se retrasa un rato, me daría tiempo de llegar antes que ella (no mucho, pero lo suficiente). Así pues, estaría en la ceremonia y luego ya podría pasarlo bien en la cena y demás.  

Creo que nunca antes había organizado tan al milímetro mi tiempo. Pero lo que tenía claro es que no podía fallarles a ninguna de las dos. A la amiga que se casaba de mañanas le comenté que tendría que irme pronto porque tenía otro evento, pero que quería ser partícipe de su día. Y a la amiga de la boda de tardes me limité a no decirle nada, porque para qué. 

Llegó el 14 de octubre, me arreglé con el maquillaje más fijo que tenía, me eché 5 kilos de laca para mantener mi peinado y, por supuesto, me hice un neceser con más maquillaje, horquillas y más para retocarme mientras estaba en el Uber. De camino a la primera boda contraté el coche para las 16.30 e intenté disfrutar de la boda. La ceremonia duró más de la cuenta y empezamos a comer casi a las 15h y no a las 14h como había calculado. Empecé a hiperventilar pensando que tenía solo una hora y media. Pasó que no me dio tiempo a terminar y tuve que irme sin postre. Me despedí de mi amiga pidiéndole disculpas y me dijo que no pasaba nada. Cogí el Uber con casi media hora de retraso y le pedí que corriera lo que más pudiera. Mientras tanto, saqué mi neceser, espejo, mini planchas sin cables y empecé mi sesión de belleza. El conductor flipaba un poco mientras le contaba lo ocurrido y me veía maqueándome.  

Llegué a la iglesia de la segunda boda 15 minutos más tarde de mi planning. Mi amiga ya estaba ahí. ¿Qué novia llega puntual a su boda? Pues eso, mi querida amiga. Entré a la iglesia intentando que nadie lo notara y la ceremonia acababa de empezar. Ahí ya, debido a todos los nervios que había estado haciendo todo el día y la emoción de la boda, lloré como un bebé y poco a poco me fui relajando. Después fuimos a tomar algo y a disfrutar de la cena. En ese momento es en el que pensé: “María, ya ha pasado todo, pásalo bien” y cogí el mayor pedo que me ayudó a reírme de toda la situación.  

Quería bodorrios, sí, pero por favor, ¡Más espaciados!