Vengo a contar una anécdota que no solo me dejó en shock sino que me hizo llorar de la risa real. Y no exagero. Llorar. De. La. Risa.
Nivel: me mandarle un audio a mi mejor amiga diciendo ‘te juro que esto no lo supera ni Sandra Barneda en la hoguera final’.

Vamos por partes.

Llevábamos tres citas. La tercera fue en mi casa. Nervios, ilusión, el típico repaso al baño por si se me ha quedado algo fuera de lugar pero sin ponerme muy intensa. Total que hacía unos días había tenido la regla y dejé la copa menstrual secándose en un rinconcito del lavabo.
Olvidada. Camuflada entre toallas y gel íntimo. Para mí parte del decorado, pero para él no tanto.

Esa noche después de cenar sushi barato y ver media peli que no vimos porque ya nos estábamos lanzando. Es lo que tiene el nivel de pasión en una tercera cita, pues pasó lo que tenía que pasar.

Sexo bien, gracias por preguntar. Conexión, risas, piel con piel. Todo bonito.
Hasta que él me dice: “Voy al baño a lavarme los dientes”.
Y yo tan pancha, tan confiada, me tapo con la sábana como buena diva post polvo en plan portada de Lecturas mientras le espero.

Pasaron unos minutos.

Y cuando entro al baño porque necesitaba hacer pis y de paso ponerme una camiseta me lo encuentro en pleno ritual dental…
enjuagándose la boca con mi copa menstrual como si fuera un vasito de hotel de 3 estrellas superior en Salou.

El tío con la misma paz con la que Belén Esteban se bebía una Coca light en el Deluxe.

Yo me quedé tiesa.
Me quedé temporalmente plantada en la puerta del baño medio desnuda mirándolo en silencio mientras se enjuagaba con mi copa DEL ÚTERO.
Hasta que no pude más y me tiré al suelo llorando de la risa.
No podía ni hablar. Me dio hipo. Me meé un poquito, no os voy a mentir.

Él se quedó confundidísimo.
Me miró con cara de “¿he hecho algo gracioso?” mientras aún sostenía el cáliz menstrual cual copa de vino tinto de bar de Malasaña.
Cuando le expliqué lo que acababa de usar para enjuagarse… se puso blanco.
Luego rojo.
Y luego se echó a reír conmigo.

¿Conclusión?
Que si un tío después de beber en tu copa menstrual y enterarse, se ríe contigo, no huye, te pide otra cita, y te escribe al día siguiente con un sticker del Niño Corneta, te digo yo que ese es tu hombre.

POSTDATA:
Seguimos juntos.
Y la copa ya tiene su trono privado, lejos de los cepillos de dientes.

Anónimo

Envía tus movidas a [email protected]