Hola, queridas chochos, soy yo de nuevo, el chico de las poesías navarricas, vuestro fiel admirador. También mundialmente conocido como el señor que se enamoró de un puto en Mikonos.

Más allá de eso, hoy vengo a hablaros de mi pasado, de mi sabiduría, de una de mis experiencias como gurú del amor; siempre dispuesto a cagarla estrepitosamente, pero también siempre dispuesto a quedarme con lo bueno y no con lo malo, con la parte positiva y no con la negativa, con lo rico que sabe el lubricante de sabor a fresa y no con lo pringosa que deja las putas sábanas.

Once upon a time tuve un novio, no sé si llamarlo así ahora con perspectiva de la vida; tuve un algo, un cosa, un ser con lo que compartí algo más que sex and jijijajas, lo que podemos llamar un follamigo pero contando con las dos partes de la palabra, follábamos y éramos amigos, que últimamente bien de gente confunde términos y usa solo el trocito que le interesa. Quiero decir, si sólo te estás follando a alguien, no lo llames follamigo, porque de amigos nanai de la China, darling.

Pues eso, que para mi era un novio porque hacíamos lo que hacen los novios, pero que si ahora mismo tuviera eso con alguien pues no lo llamaría novio, porque yo novios no tengo, yo soy una divina y nadie pasa de la esquina de mi corazón.

El caso, ¿que por qué no lo llamaría novio? Pues porque no lo quería, no lo quería románticamente hablando, no era el chico de mis poesías, yo no era su fiel admirador, aunque las noches sí que eran de sexo. ¿El problema? Que él sí que me amaba a mí, en plan muy fuerte, nivel: me prefería a mí antes que desayunar en un buffet libre de hotel. Puro amor, you know.

Pues eso, que ahí entra la movida, cuando una persona quiere distinto de la otra y alguien prefiere las miguitas a no comer nada.

Yo siempre he sido sincero, mucho, muchísimo. Desde el principio y hasta el final, si de algo me puedo curar en salud es de eso, de ir de frente siempre, always and forever. Siempre he visto la sinceridad y las verdades como algo positivo, algo que suma, algo que no puede restar ni dividir. Con sinceridad no hablo de mala educación, ni de ir soltando pensamientos hirientes por el medio de la calle como si de mi Brintey se tratase; hablo de abrirse, de no mentir, de no decir verdades a medias.

Ella: santa, católica y apostólica. Ejemplo de moral.

Ella: santa, católica y apostólica. Ejemplo de moral.

Que no digo que lo que yo haga sea la verdad absoluta y los que mienten hagan el mal, pero es justo eso lo que estoy diciendo. (Me amo too much, sorry not sorry).

Pues eso, que desde el principio yo le dije lo que había, que le quería, pero poquito; que me gustaba pasar tiempo con él, pero no mucho; que la exclusividad era guay, pero no para mí.

‘Yo quiero practicar el poliamor, no quiero encerrarme en una sola persona, quiero repartir mis sentimientos por todo el mundo’ -le dijo él a él, en tono soñador.

¿Qué pasa? Pues que la teoría es preciosa, pero ya cuando entramos en el terreno práctico pues nos encontramos con otra cosa. A día de hoy lo sé y lo tengo claro, que hice mal, que no tendría que haber tenido con él nada que en su nomenclatura llevara la palabra ‘amor’ porque eso le daba alas y yo no soy un redbull.

Una persona que está dispuesta a cualquier cosa por ti no juega en tu misma liga, no estáis en igualdad de condiciones, no tenéis la misma capacidad. Ahora sé que, le hubiera ofrecido lo que le hubiera ofrecido, él lo hubiera cogido a cojos cerrados, prefería cualquier pedacito de mí, aunque fuera insignificante, antes que quedarse sin ningún trozo del pastel. No le culpo, claro, estoy más bueno que una croqueta de cocido.

Fuera de bromas, el poliamor es una idea maravillosa, inventada para mí, pero si algo puedo saber a ciencia cierta es que solamente lo puedes practicar con personas que piensen como tú, que tengan tu misma filosofía, que estén dispuestos a exactamente lo mismo. Porque venderle una idea a alguien que no tiene tu misma forma de vida, es hacer trampa.

Yo practiqué poliamor con una persona que estaba enamorada de mí, no es que me tirara a otros fuera de la relación, a mí el sexo me flipa, ya lo sabéis bien, pero no sé separarlo del resto de mi vida, de normal después de tirármelos hablo con ellos, les quiero, les cuido. A mí manera, por supuesto, pero lo hago.

Yo esperando que todas me entendáis y no me juzguéis <3

Yo tenía varias personas con las que tenía una relación, a mi modo, pero la tenía. Y la más importante de todas, la que tenía con este chico, era la que más me importaba, pero no era suficiente para mí, yo no tenía tanto amor para darle, yo no le quería tanto, mejor dicho, no le quería de la misma forma.

Y sí, fui sincero, le dije la verdad, expuse mis normas desde el principio, pero eso no me hace mejor persona ni me libra de la culpa. Yo sabía lo que había, yo hice el imbécil para no renunciar a él y a todo lo que me regalaba casi a diario y eso, queridas mías, es una puta mierda.

Sed sinceras siempre, con los demás y con vosotras mismas. Quereos duro y muy fuerte, sentíos completas para que no necesitéis que nadie os llene huecos vacíos. Si sois como yo, no juguéis con señores ni con señoras dispuestos a poner toda la carne en el asador y si sois como mi bello ex-no-novio, no os dejéis haceros daño. No os conforméis con las sobras, vosotras os merecéis un menú completo con postre, pan, café y un chalet en Torrevieja.

Pd: no, esto no es un folladrama, de hecho no sé muy bien qué es. No sé si queréis que escriba también cosas de este tipo filosofovitales, dejadme en comentarios si queréis que os cuente también movidas de este tipo o si me centro más en mis experiencias sexuales como loco del rabo que soy.

Os leo atentamente, absolutamente siempre.