Nunca pensé que ayudar a una persona pudiera acabar en denuncias y órdenes de alejamiento. Como estoy opositando, pensé que sería buena idea hacer de traductora y sacarme un dinerillo extra. Tengo muchos vecinos ingleses y alemanes, idiomas que domino bastante bien, así que me lancé a la aventura.
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Mi vecina me recomendó a un conocido suyo. Era un hombre inglés, de unos setenta años, que vivía solo. Tenía un hermano, pero apenas hablaba con él. Necesitaba una traductora para hacer diferentes trámites y resolver algunos asuntos importantes. Era un hombre mayor que me daba mucha ternura, muy dulce, y me recordaba mucho a mis abuelos. Yo notaba que era muy cariñoso conmigo, algo comprensible porque estaba solo y no tenía nietos. Así que, poco a poco, comencé a ir cada vez más a visitarlo.
Un día llegué a su casa y estaba muy triste. Me dijo que le habían diagnosticado cáncer, que no había ningún tratamiento en su caso y que le daban menos de un año de vida. Me quedé en shock. Le propuse ir a hablar con los médicos por si no había entendido bien las cosas o si tenía los informes. Pero me dijo que no hacía falta, que había ido a un médico privado que hablaba inglés. Me pidió el favor de que le ayudara algo más en casa y acepté sin pensarlo. Pasaron los meses y no notaba un bajón notable, algo que me alegró. Pensé que igual los médicos se habían confundido.
Hasta que llegó un día en que me dijo que teníamos que hablar muy seriamente. Quería dejarme la casa y todo su patrimonio. No quería que su herencia fuera para su hermano y yo era la única que había estado a su lado. No fui capaz de llevarle la contraria, aunque me sabía fatal. Me sentía como en una película de Hollywood.
Hablé con mi vecina, la que me recomendó. Le conté la situación y me dijo que hablaría con el hermano del hombre; aunque no tenía relación, tenía su número de teléfono. Me pareció una buena idea informarle, ya que, al final, era el único familiar vivo que le quedaba. No esperaba todo lo que se me venía encima. Al día siguiente vino mi vecina a mi casa muy alterada. Me dijo que desconocía toda la situación, pero que, analizándolo todo fríamente, tenía sentido. Resultó que el hombre al que llevaba meses ayudando y cuidando era un mentiroso compulsivo y no estaba bien de la cabeza. Todo lo que me había contado era mentira. No tenía cáncer ni nada parecido. Casi me da un parraque. ¿Cómo había podido ser tan inocente? Al parecer, este hombre llevaba años actuando así, sobre todo lo hacía con chicas jóvenes, para que le prestaran atención y no sentirse solo. Ese era el verdadero motivo por el que su hermano y él no se hablaban, y no los motivos que él me había contado.
Al enterarme de todo esto, fui a hablar con él. Lo confesó todo. Le pedí que, por favor, no volviera a contactar conmigo y le dejé muy claro que yo tampoco iba a volver. Me dijo que lo de dejarme toda su herencia era verdad, que solo quería que estuviera con él. Rechacé todo y volví a dejar claro que no quería ni su herencia ni nada de él.
Después de eso empezó a acosarme. Me llamaba constantemente y aparecía por mi casa. Así que tuve que denunciarlo. Fue una pesadilla. Por suerte, todo fue rápido y le pusieron una orden de alejamiento.
Después de todo lo ocurrido, he decidido centrarme en la oposición y ahora vivo más tranquila. He aprendido que todas las personas no son lo que parecen y que no vale la pena perder la paz mental por un dinerillo extra.
SOFÍA ESTRELLA