Mi amiga y yo estábamos de vacaciones cuando conocimos a un grupo de chicos. Laura, mi mejor amiga, empezó a tontear con uno de ellos y acabaron una noche juntos. Pensábamos que iba a ser un amor de verano, pero a la vuelta a la rutina, se iban viendo y cada vez sentían más el uno por el otro, así que decidieron empezar una relación. Yo me alegré mucho por ella porque la veía muy contenta.

Cuando llevaban más de medio año juntos, la pareja de Laura me mandó un mensaje por redes sociales para felicitarme el cumpleaños. Yo le contesté de manera cordial y entonces me dejó caer que estaba muy guapa en aquella foto. No pensé nada raro, pero al poco me mandó un mensaje parecido al que no contesté.

No tenía claro si contarle esto a mi amiga porque no quería herir sus sentimientos y no sabía si realmente era tan importante como para decírselo. Pero un día en el que nos habíamos tomado unos vinos, decidí comentárselo. Se quedó helada y no le hizo ninguna gracia. Comentó que si era capaz de tirarme flores con esa soltura siendo su amiga, qué no haría con chicas que ella no conociera.

Supongo que Laura le dio vueltas al tema toda la noche y al día siguiente me llamó porque quería hacer un plan para saber si él me seguiría el juego, si yo fuese más allá. Decidimos que íbamos a eliminarnos de las redes sociales y que ella le explicaría que nos habíamos discutido y que nuestra relación de amistad se había acabado. Y así lo hicimos.

Al pasar los días, cuando la pareja de Laura ya sabía que, en teoría, habíamos roto nuestra amistad, le contesté el mensaje que no respondí antes diciéndole que él también me parecía muy atractivo, pero que Laura era mi amiga y por eso no le había dicho nada.

Ahora que Laura y yo habíamos roto nuestra amistad para siempre, podía ser sincera con él. El novio de Laura no tardó en contestar y cayó en la trampa. Me dijo que yo también le atraía desde el momento que nos conocimos en las vacaciones con Laura, pero que como parecía que no estaba interesada en él, había decidido empezar algo con ella.

Estuvimos tonteando por redes sociales y se lo expliqué a Laura, que estaba desolada. Entonces decidimos prepararle una emboscada, iba a decirle de quedar y cuando se presentara a la cita, sería Laura quien acudiera a esta. Así lo hicimos, quedamos en una cafetería y las dos lo esperamos metidas en el coche. Cuando llegó, le dije a Laura que si quería que la acompañara y me dijo que no, que quería hablar a solas con él. Le dije que para cualquier cosa, ahí estaba yo.

No sé exactamente qué le dijo Laura, solo sé que él se puso muy nervioso cuando la vio llegar, y que intentó convencerla de que no estaba ligando conmigo, que solo me había dicho cosas bonitas sobre mi físico porque eran objetivas. Ella se enfadó más al ver que él no reconocía la verdad, él le suplicó entonces que le perdonara, que quería seguir con ella y que había cometido un grave error mandándome esos mensajes. Por supuesto, ella no le perdonó y acabó su historia con ese impresentable.

A Laura no le costó mucho rehacer su vida con un hombre maravilloso que la valora y que no la cambia por ninguna.