Que no te timen: dejar a tu bebé de 4 meses en la guardería DUELE
Nadie me preparó para esto: para el nudo en la garganta a las ocho de la mañana, para ese instante en el que entregas a tu bebé de cuatro meses en la puerta de la guardería y sonríes, porque “hay que ser fuerte”. Pero duele. Y mucho.
Más testimonios reales en whatsapp, vente
Cuando nació mi hija, pensaba que lo difícil serían las noches sin dormir, las mastitis, los 60 días de inundaciones de sangre, quizás los cambios en la dinámica de pareja, yo que sé… Pero nadie te prepara para el momento escuela infantil.
Y sí, me centro en lo intenso que se siente cuando tienes que dejar a tu bebé de 4 meses en la guardería. Nadie te avisó de ese nudo en el estómago, de esa lágrima disimulada y esa necesidad vital de oler a tu bebé mientras tecleas en tu oficina. Y aunque todo ese dolor te pille por sorpresa, llega un punto en el que se convierte en rutina.
Lo más complicado de asumir y a lo que uno no se acostumbra es a «conciliar».
No imaginaba que lo verdaderamente jodido sería encajar un horario laboral “normal” al uso, con las necesidades de un bebé que apenas empieza a sostener la cabeza.
La teoría dice que la conciliación existe. UNA MIERDA PINCHADA EN UN PALO, eso es lo que existe.

Mi jornada empieza a las seis y media. Me visto, me preparo yo, preparo los biberones y la mochila, despierto a mi nena, la visto y salgo corriendo para llegar a la guardería antes de fichar. Si el tráfico se complica o la pichina ha pasado mala noche, el castillo se tambalea y todo empieza a torcerse.
Y en mi cabeza siempre la misma pregunta: ¿Por qué parece que el problema es mío?
¿Cómo puede ser que doy el 100% de mí y siento que no llego a nada? Vivo con miedo de que mi maternidad sea una desventaja, un estorbo para el resto del mundo.
En mi casa, cuando surge una reunión a última hora, soy yo quien pide salir antes. Si la nena se pone enferma, soy yo quien revisa la agenda y cancela compromisos.
Nadie lo impone de forma explícita, pero sucede. Las estadísticas lo confirman: en países como España, las reducciones de jornada y excedencias por cuidado recaen mayoritariamente en mujeres. Y cada decisión, por pequeña que parezca, deja huella en nuestra carrera profesional.
Nos miran como si rechazáramos oportunidades con la «excusa» de ser madre. Pero la dura y triste realidad es que mientras esas mismas personas que nos juzgan sólo tienen una jornada laboral de 8 horas. Nosotras sostenemos dos jornadas completas: la laboral y la invisible. Y esa segunda no cotiza, no puntúa en evaluaciones, no cuenta en LinkedIn, pero sostiene el mundo.
He rechazado proyectos porque implicaban viajar.
He dicho mil veces “ahora no puedo”, muchas más veces de las que quisiera. Mientras tanto, compañeros de mi misma promoción han seguido avanzando. No porque sean más capaces, sino porque su disponibilidad es total.
Dejar a tu bebé de cuatro meses en la guardería duele. Adaptar tu ambición al horario escolar duele. Sentir que siempre eres tú quien cede, duele. Ver que eres siempre tú la que renuncia a sus sueños, duele.
Y sólo quiero decirte que no estás sola ni estás exagerando. Lo que sientes es real.