Mi amiga Irene es de Ferrol, sin embargo, se mudó a Rota hace unos años por trabajo, donde nos conocimos. Desde el primer momento nos llevábamos muy bien, ella apenas me llevaba un año y todos los demás de la oficina estaban más cerca de la jubilación que de nuestra edad. De hecho fue un respiro cuando ella apareció en mi vida (laboral). 

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Irene tenía mucha “morriña” de su familia, sus amigos, su Galicia y sus comidas. Apenas subía a Galicia un par de veces al año, sin embargo había un amigo con el que coincidía cada pocos meses. Álvaro era de la Infantería de la Marina y, aunque tuviese la base en Ferrol, venía varias veces al año a Rota. 

Después de quedar con él, Irene siempre me contaba alguna novedad. En una ocasión, comentó que lo había dejado con su ex, con la cual llevaba muchísimos años. Me propuso que la siguiente vez podría presentármelo. ¿Yo con un Marine? Esta tía flipa. Aún así acepté. Me había hablado tanto de él, que tenía mucha curiosidad por saber como era.

Conocí a Álvaro cuando su barco atracó en mi puerto. No metafóricamente eh, que os veo. Cuando llegó a Rota fui con Irene al puerto a recogerlo. He de decir que la primera impresión me fascinó. Era un tío guapo, pero guapo de verdad. ¿Qué hacía desperdiciándose en la Marina pudiendo ser modelo? Pasamos una tarde exageradamente agradable. 

Al día siguiente en el trabajo Irene me comentó que a su amigo le dio mucha pena despedirse de mi… y si le podía dar mi teléfono. Acepté, obviamente. Ay…nunca digas de este agua no beberé. 

Así comenzaron 3 años de relación a distancia, con apenas media docena de veces que nos veíamos en Rota y 20 días de vacaciones que compartíamos al año. Yo estaba muy enamorada, ciegamente me atrevería a decir, y pensaba que él también. 

Después de 3 años así, me propuso irme a vivir a Ferrol. Él pasaba la mayor parte del tiempo allí, por lo que sería la forma más fácil de estar juntos. En ese momento él no podía pedir un traslado, pero me convenció cuando me comentó que si teníamos hijos le darían más permisos, más tiempo en tierra firme y un poco más de mano ancha a la hora de elegir destino… Sabía como convencerme, porque yo quería formar una familia y ¿cómo no voy a querer con el amor de mi vida? 

Yo nunca había estado en su casa, como ya os he comentado, él ha estado en la mía en Rota y cuando estábamos de vacaciones, nunca era en ninguna de nuestras casas. Una semana antes de irme a Ferrol me comentó que su ex le había pedido pasar unos días en su casa, porque no tenía donde caerse muerta y le faltaba poco para acabar el contrato de trabajo que la retenía allí. Él aceptó, y por supuesto, lo hizo sin haberme preguntado a mi primero si eso me parecería bien. Obviamente le dije que no estaba de acuerdo, pero yo ya había preparado todo para mudarme a su casa, tenía el traslado a una oficina cerca de Ferrol y la mitad de mi vida ya estaba en cajas en su casa. Tenía que irme sí o sí. 

Lo que pensaba que sería una historia de amor, en la que llegaría allí, él me recibiría en su casa que convertiríamos en nuestro nidito de amor y tendríamos a nuestros dos o tres polluelos… se convirtió en una convivencia horrible por parte de su ex. Se pasaban todo el día discutiendo y ella aprovechaba cualquier ocasión para echarme en cara que él la había dejado por mi (cuando eso ocurrió antes). Tuve que darle un ultimátum. Yo estaba muy tranquila en Rota como para mudarme por esto. Él le dio un ultimátum a ella después. 

¿Se fue? No, me fui yo en menos de un mes. Casi me despiden porque habían movido muchos hilos por mi, me dejé un pastizal en una segunda mudanza y tuve que volver a buscarme piso en Rota in-extremis y mucho más caro de lo que pagaba. Ella nunca se fue de ese piso, de hecho han pasado seis años y sigue viviendo allí. Todo lo que se de él es por mi amiga Irene, con la que sigue coincidiendo cada vez que atraca en Rota. Sigue preguntando por mi, sin embargo yo nunca más volví a preguntar por él.

 

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