Hace unos meses que pasé por una situación muy complicada y noto que aún me está costando recuperarme. Soy del norte de la península y a pesar de vivir en una ciudad con un clima donde el sol no acompaña, siempre me ha gustado y me he sentido cómoda en ella.
Al terminar mis estudios, encontré un buen trabajo y tenía una vida feliz. En un viaje que hice a Málaga con mis amigas, conocí al que se convirtió en mi pareja de más de cuatro años. Estuvimos mucho tiempo a distancia, pero a los dos se nos hacía cada vez más difícil pasar tantos días separados y vernos solo los fines de semana, que tampoco podían ser todos. Mi relación no era perfecta, pero sí muy buena, teníamos muchas cosas en común y nos lo pasábamos muy bien juntos.
Mi pareja era funcionario en su ciudad y hablamos muchas veces de cómo podríamos seguir adelante porque los dos estábamos encantados con nuestro trabajo. Supongo que por eso tardamos tanto en ponernos de acuerdo y dar el paso, yo iba a dejar mi trabajo, por mucho que me pesase, para ir a vivir a su ciudad.
Él no quería echar raíces en un lugar donde la lluvia fuese la protagonista del tiempo, y al ser funcionario local no podía pedir el traslado. La verdad es que él sabía lo mucho que me gustaba mi trabajo y el esfuerzo tan grande que iba a hacer al dejarlo. Pero a veces hacemos los más grandes sacrificios por amor pensando que valdrán la pena.
Lloré mucho cuando le dije a mi jefe que me iba, él tampoco se lo podía creer. Algo dentro de mí me decía que me estaba equivocando, pero, por otro lado, pensaba que era normal tener miedo porque iba a dejarlo todo poniendo muchos kilómetros de por medio de mi familia y mis amistades.
Al principio, me instalé en el piso que mi pareja tenía alquilado y empecé a buscar trabajo. No había manera de encontrar un empleo con las condiciones que tenía en mi ciudad natal, pero al final acepté empezar en uno porque creía que debía comenzar a integrarme de alguna forma y a tener un sueldo que no dependiera del paro.
Mi pareja y yo empezamos a buscar un piso para comprar y a pesar de que no encontrábamos nada que nos convenciera, al final encontramos uno bastante mono y asequible que decidimos adquirir. Firmamos las arras, pagando más de 15000 euros, y estábamos ilusionados, o eso parecía.
Una mañana, cuando estaba a punto de irme a trabajar, mi pareja me dijo que teníamos que hablar. Me comentó que no se quería comprar ese piso, que había cambiado de opinión, que pensó que no le gustaba por algo, pero que la realidad era porque no quería comprarlo conmigo.
Me dijo que quería que nos separásemos, que ahora que vivíamos juntos se había dado cuenta de que no estaba cómodo y de que se había desenamorado. No podía creerme lo que me estaba diciendo. Me costó mucho asimilarlo todo. Le pregunté si no creía que podríamos solucionarlo, que a lo mejor era el agobio del momento, que podíamos separarnos unos días para que se lo pensara mejor. Pero me dijo que no, que lo tenía claro.
Todo el mundo tiene derecho a desenamorarse, pero no tiene derecho a jugar con la vida de otra persona de manera tan egoísta.
Uno debe tener claro los sentimientos por otra persona si esta va a salir tan perjudicada si esos sentimientos no son estables. Yo había dejado el trabajo de mis sueños, ahora tenía un trabajo en Málaga y no sabía por dónde tirar. Le dije que lo mínimo que podía hacer era pagarme la mitad de las arras que íbamos a perder, porque obviamente ninguno de los dos podía permitirse ese piso solo, pero él me dijo que no. Me increpó que al pagar unas arras ya sabes que puedes perderlas y que no iba a pagarme la mitad de estas.
Me busqué una habitación a la que irme mientras pensaba qué hacer con mi vida. Podría haber seguido en ese trabajo, pero era un trabajo que no me entusiasmaba y no había hecho todavía ningún amigo en la ciudad, así que decidí volver a la mía. Expliqué en mi empleo lo que me pasaba, me despidieron para poder volver a cobrar el paro, cogí todas mis cosas y me fui a casa de mis padres. En mi antiguo trabajo ya me habían sustituido y no podía volver, y no tenía sueldo alguno como para cogerme un piso de alquiler.
Todo aquello fue algo devastador, perdí mi trabajo, mi piso de alquiler y todo lo que tanto esfuerzo me había costado. Volví a empezar en casa de mis padres y sin empleo, me está costando mucho recuperarme de todo esto. No entiendo como una persona puede hacer dejarlo todo a otra sin tener claro que quiera un futuro con ella. No he vuelto a hablar con mi ex, a veces me ha escrito para saber cómo estoy, pero no le he contestado. Ahora solo quiero pensar en mí como él ha pensado solo en él.
