Lo descubrí a los dos meses de haber parido, para serte completamente honesta, pero estaba con ella desde antes de quedarme embarazada. Todas mis amigas me preguntan que cómo no lo vi venir, que cómo me quedé embarazada de él, que cómo es posible que no me diera cuenta. Todas esas preguntas también me las hago yo. Muchas veces al día. Machaco los rincones de mi cabeza que él ha dejado sin machacar, para intentar comprender cómo no pude ver las señales. 

 

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En mi defensa tengo que decir que es muy fácil engañar a una embarazada, o en mi caso, a una mujer queriendo quedarse embarazada. Lo mío no fue por el método tradicional, tuve que pasar por una inseminación artificial que me tuvo hormonada durante dos años. Todo el suplicio de la extracción de óvulos, implantaciones, pérdidas, llantos, duelos y vuelta a empezar. Yo padeciendo y él jodiendo. En todos los sentidos de la palabra. 

No supe ver que empezó a tener muchos eventos de trabajo, mucho afterwork y teambuildings, mientras yo me pasaba las horas abrazada al váter, soñando con que al levantarme él estaría ahí para traerme unos palitos de pipas, que era lo único que mi cuerpo toleraba sin expulsar. Aún así, me había costado tanto quedarme embarazada que acepté con entereza las náuseas. Eran el regalo de consolación tras haber pasado por unas cuantas implantaciones fallidas. Es posible que mis hormonas estuvieran algo desequilibradas. Te quiero ver a ti, hombre observador, cuya única misión es extraerte semen, algo que llevas practicando desde los quince años sin recelo, pasando por todo este proceso sin lamentarte. Me recreo en lo injusto de la naturaleza humana, de lo indemnes que salen ellos de la procreación, mientras que nosotras llevamos la etiqueta de histéricas cuando se nos caen las lágrimas tras nueve meses de cambios en el cuerpo. 

 

Algo se te ha movido ahí adentro y no piensas con claridad, cuando se te pase, verás que no es para tanto, me dijo mi suegro cuando cogí a mi bebé y me fui a refugiarme a casa de una amiga. Las primeras semanas de baja las pasamos juntos y fueron los momentos más horribles de mi vida. La niña no paraba de llorar, no me subía la leche, yo no paraba de llorar,no dormíamos. Lo único que hubiera necesitado era un abrazo cálido y un tranquila, estamos juntos en esto, todo va a salir bien, como me contaron mis amigas que tuvieron, un tranquila, ¿por qué no probamos con el biberón y así podemos descansar los dos?, como me contaron mis amigas que se apañaron, un tranquila, esta niña es lo más bonito que tenemos, como tú, que eres bonita y válida, lo vamos a hacer genial, como me contaron mis amigas que les dijeron. Yo me levantaba de madrugada, o al mediodía, porque cuando una está recién parida pierde la noción del tiempo, y me encontraba sola o con un bufido acompañado de un ¿otra vez? esa leche no la alimenta, voy a comprar fórmula. Y yo sintiéndome inútil, porque no la había podido concebir de manera natural, si no artificial, porque no la había podido parir de forma natural, si no por cesárea y ahora no podía darle el pecho, porque mi leche no la alimentaba. 

Sus ganas de irse de casa todo el rato fue lo que me alertó. Que si un paseo y por qué no te quedas en casa, así descansas, yo me llevo a la niña, mientras se acicalaba como para esos constantes afterworks de los que llegaba cada vez más tarde. Que si se han acabado los pañales, salgo a comprar, tú quédate aquí, por qué no te das un baño relajante. Que si voy a llevar a la niña a que vea a mis padres, por qué no aprovechas para quedar con tus amigas. Tienes que salir más, no puedes quedarte embobada mirando a la niña, crecerá y se irá, te acordarás de mí. Él se iba y yo pensaba, hasta que un día lo seguí y descubrí que sí que era capaz de sonreír, que sí que podía disfrutar de la niña, lo que no quería era hacerlo conmigo. Como un absoluto plan perverso, como una pareja feliz, paseaban a mi hija mientras yo estaba en mi casa pensando por qué la maternidad no me hacía feliz. El problema no era la maternidad, era la mala compañía durante este postparto. Menos mal que salí de ahí. 

 

Anónimo

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